Los reguladores de la Unión Europea están usando las tribulaciones de las aerolíneas del Viejo Continente para dejar clara una cosa: se acabó el capitalismo protector. Pese a las peticiones de ayuda de aerolíneas, políticos y líderes sindicales, la Comisión Europea, brazo ejecutivo de la UE, se ha negado a cambiar de postura. Bruselas ha llegado a la conclusión de que los sucesivos rescates de empresas a lo largo de los años han hecho más mal que bien a la economía europea, al frustrar la consolidación en sectores como el de aerolíneas, automotriz y bancario.
Las subvenciones permitieron a la mayoría de los miembros de la UE asegurar la supervivencia de las aerolíneas nacionales, y otros símbolos patrios, pero el precio a pagar fue la ineficiencia crónica.
Las repercusiones sobre otras industrias que también buscan ayuda estatal podrían ser enormes. Según los datos de la Comisión, desde 1990 los gobiernos de la Unión Europea han reducido los pagos directos a la industria en cerca del 70% como porcentaje de su Producto Interno Bruto (PIB) conjunto, la mayor caída en el sector manufacturero.
Eso todavía deja alrededor de US$70.000 millones para ayudas a sectores tan variadas como la del carbón y la cinematográfica. Es probable, de todos modos, que la cantidad siga contrayéndose, haciendo que muchas compañías tengan "que vivir con lo que ya sido aprobado", dice el economista Daniel Gros, director del Centro para Estudios Europeos.
Ante la nueva dinámica, la ex automotriz estatal Renault SA ha decidido tomar la iniciativa, afirma Alfredo Filippone, portavoz de la Asociación de Fabricantes de Automóviles Europeos. Con la demanda cayendo a lo largo y ancho de Europa, "están reduciendo la producción", afirma Filippone.
El último capítulo de esta guerra fue el 8 de octubre, cuando el primer ministro belga, Guy Verhofstadt presionó a la Comisión para obtener permiso para extender la ayuda a Sabena acogiéndose a reglas de "rescate" poco claras de la UE. Una semana más tarde, el primer ministro irlandés, Bertie Ahern, presionó para obtener la aprobación de la Comisión para una ayuda a Aer Lingus. Las principales aerolíneas europeas y las que ofrecen tarifas baratas se opusieron, argumentando que se retrasará una consolidación muy necesaria.
Las decisiones aterrizaron en el despacho de Loyola de Palacio, la comisionada europea de Transporte. Durante su etapa en el Ministerio de Agricultura español defendió los subsidios agrícolas. Pero desde que asumió sus tareas en la UE, De Palacio ha estado muy influenciada por el departamento de la Competencia comunitario, que empezó a recortar los subsidios en los años 90. Al frente de ese departamento se encuentra ahora Mario Monti, quien asegura tener "tolerancia cero" a la ayuda estatal.