En los esfuerzos de crecimiento del país, el Sector Minero ha jugado siempre un rol relevante. Como es sabido: representa alrededor del 10% del PIB, concentra en la actualidad el 46% de las exportaciones y el 35% de la inversión externa materializada en nuevos proyectos, en los últimos 28 años, por citar algunas cifras macro.
La minería del cobre, en especial, ha sido nuestro principal producto de exportación a lo largo de los últimos 80 años, y hoy por hoy representa una cifra del orden del 43% de la producción del mundo occidental, y el 36% de la producción del mundo entero, porcentajes ambos que se incrementarán en más de 3 puntos porcentuales en el próximo quinquenio.
El aumento de la producción de cobre nacional en los últimos 15 años, es del orden del 8,5% promedio anual, y su producción el año 2000 alcanzó a las 4,6 Millones de Ton. de Cobre Fino. Incluso este año - en medio de una situación internacional de menor crecimiento y un ambiente interno marcado por un acentuado pesimismo- se proyectan inversiones por US$ 1.500 millones y una tasa de crecimiento en el sector, del orden de 1% a 2%.
Es claro que la performance del sector ha sido impresionante, lo que permite concluir que, a nivel agregado, el país ha entregado las orientaciones correctas. Pero antes de concluir que basta con mantener las actuales políticas y sumarnos al coro de los “autocomplacientes”, quisiera compartir algunas inquietudes respecto a este desarrollo y algunas de sus características.
1. Ha sido un desarrollo desequilibrado. El sector se ha expandido básicamente en minería metálica y, dentro de ella, las reglas parecen haber sido eficientes para la Gran Minería, pero deficientes en lo que respecta a la Mediana y Pequeña Minería, cuyas posibilidades de crecimiento se han visto limitadas, ocasionando la suspensión o cierre de faenas, generando muchas veces acentuados problemas socioeconómicos en apartadas zonas mineras, en que esta actividad es la principal y a veces única fuente de sustentación.
2. Prácticamente el 100% del crecimiento del sector ha estado sustentado en inversión extranjera y/o estatal. Ello junto con severas restricciones y costos asociados a la libre entrada y salida de fondos ha limitado el desarrollo de un mercado de capitales, y en particular uno especializado en minería. Se aleja con ello la posibilidad de desarrollar un centro financiero y eventualmente de servicios con alcance latinoamericano.
3. El ritmo de crecimiento sectorial se ha reducido. Los proyectos en carpeta son menos y de menor tamaño que los materializados en la década anterior; el gasto en exploraciones en Chile ha disminuido, y las empresas Junior se han reorientado mayoritariamente a países vecinos, en especial Perú.
4. La necesidad de optimizar la gestión ha inducido un importante proceso de fusiones que ha reducido el número de actores relevantes, concentrando las decisiones estratégicas del sector en un menor número de compañías. Este proceso, que, sin duda, continuará, acentuará el hecho que las decisiones claves, serán adoptadas fuera de Chile y en función de estrategias corporativas mundiales.
5. El país no ha generado procesos de integración vertical, el cobre sigue exportándose con bajos niveles de agregación de valor. No se han desarrollado actividades complementarias significativas, ni el país se ha establecido como el puente minero hacia América Latina. Los discursos sobre un cluster minero, alejados muchas veces de políticas de mercado realistas, no apuntan en la dirección indicada.
6. Ruidos permanentes generados por cambios en las reglas de juego. Casos relacionados con materias de índole impositiva, laboral, de acceso a financiamiento (relación deuda/capital), normas ambientales y relativas al uso del agua, entre otras. Así como la fluctuante actitud de los servicios fiscalizadores (Dirección del Trabajo, Servicio de Salud, Coremas), perturban la estabilidad, y la necesidad de permanente entrega de orientaciones correctas para facilitar decisiones de desarrollo.
7. La creciente toma de conciencia de la comunidad nacional en torno a la necesidad de un desarrollo con respeto al entorno ambiental y social en que se desarrolla, así la progresiva participación de la Comunidad en decisiones relevantes como son los permisos ambientales, ha aumentado las exigencias de vinculación de las empresas con la comunidad local, regional y nacional, poniendo en discusión el “rol social” de la empresa.
8. El deterioro del ambiente de negocios del país con bizantinas discusiones acerca del Modelo de Desarrollo y la falta de un claro Proyecto País, merman el entusiasmo y dinamismo indispensables para emprendimientos de mayor envergadura como son los emprendimientos Mineros.
9. La alta incidencia de la minería Estatal en el Sector. Su administración, su estrategia de expansión, la participación de privados en su propiedad o en nuevas asociaciones, son factores a considerar en cualquier estrategia de desarrollo del país.
10. La demanda de una mayor transparencia en el manejo de la información por parte de las empresas de la Gran Minería (Reservas, Resultados, Políticas de desarrollo etc.), debido a su alta incidencia en la actividad Nacional, tambien debe ser considerado. Al respecto se observan avances importantes.
11. La realidad de importantes zonas del país, empobrecidas por la precaria situación de la pequeña minería, demanda solución productiva a sus problemas.
12. La Legislación Minera aunque adecuada, podría perfeccionarse. Aunque muchos lo piensan, son más los que temen que ello podría abrir una “caja de Pandora”. Este solo hecho muestra la desconfianza que existe respecto de las orientaciones que pueden prevalecer en un eventual proceso de perfeccionamiento
13. Necesidad de perfeccionamiento de la institucionalidad pública vigente. Es claro que debe revisarse el rol de la Subsecretaria de Minería y de Cochilco, de forma de perfeccionar su interrelación con el sector, a fin de permitirle cubrir de mejor forma la diversidad y complejidad de la temática minera. De paso podría definirse con claridad el rol y la forma de Administración de las Empresas Públicas del Sector.
Hay más, pero me parece que los temas citados son suficientes para concluir que la alternativa de no hacer nada, no optimiza el crecimiento de la Minería. Estimo que manteniendo el Marco Económico General y lo substancial de la Política Sectorial, es posible hacer ajustes que despejen incertidumbres, resuelvan materias largamente pendientes y perfeccionen funcionamientos; y que, por sobre todo, ponga énfasis en temas como exploraciones mineras, ampliación y defensa de mercados, facilitación del financiamiento de proyectos, desarrollo de la Pequeña y Mediana Minería, integración de valor, y sustentabilidad del sector.
No hay que olvidarse, que el mercado funciona con el marco normativo y de información que se le entrega, asegurémonos de estarle dando las señales correctas.
Por Roberto Salinas M.
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