Alberto Salas
Alberto Salas, Gerente General Sonami
Opción de Chile: Confianza y Crecimiento

Hemos visto en los últimos años que diversos analistas, economistas, autoridades de gobierno, dirigentes gremiales, políticos, parlamentarios, dirigentes sindicales y en general distintos y variados actores de la sociedad chilena, han señalado que se requiere mayor crecimiento de la economía para así poder derrotar la pobreza y alcanzar el umbral del desarrollo, objetivo anhelado por todos los chilenos.

Al respecto, quisiéramos mostrar, mediante datos empíricos observados en el desempeño de la economía chilena en los últimos 12 años, la capital importancia del crecimiento, para el desarrollo socioeconómico del país.

Durante el periodo 1990 y 1997, Chile creció a una tasa promedio anual de 7,7 %, uno de los índices de crecimiento más alto registrados en la historia económica del país.
¿Qué significó crecer a esta tasa?.

Ello permitió, nada más y nada menos, que duplicar el ingreso de la nación en el lapso de 9 años.

En términos de empleo, el crecimiento de la economía en el período citado, logró que se crearan –en promedio- más de 115.000 empleos anuales, lo que redujo la tasa de desempleo a un nivel de 6,7 % promedio anual.

En el mismo período, el consumo de las familias, aumentó a una tasa promedio de 8,2 % anual y la inversión en capital fijo, a 11,4 % promedio anual; la cantidad física de exportaciones más que se duplicó.

Por último –y lejos lo más importante- la pobreza disminuyó drásticamente desde un 38,6 % de la población a un 23,2 % y los niveles de indigencia desde un 12,9 % a un 5,8 %.

Estos son los datos concretos que tuvo el impacto del crecimiento de la economía al 7,7 % anual, sobre el bienestar de la población.

En el período 1998-2001 en cambio, se observó una fuerte caída en el nivel de crecimiento de la economía chilena. En efecto, la tasa de incremento del PIB en este período, se situó en un 2,4 % promedio anual.

Crecer a este nivel significa que se requieren 30 años para duplicar el ingreso, en otras palabras, más de una generación.

El pobre desempeño en el período señalado impactó, por cierto, significativamente en la generación de nuevos empleos, los que alcanzaron un nivel promedio 25.000 empleos anuales.

La consecuencia lógica e indeseada fue que la tasa de desocupación saltó de 6,7 % en el período anterior a un 8,6 %, esta situación afecta, directamente, a más de 500.000 personas. Asimismo, el consumo se contrajo y el ritmo de crecimiento de las exportaciones disminuyó drásticamente.

Lo anterior significó que los niveles de disminución de pobreza se estancaran respecto del período 1990-1997.

Al respecto, es preciso recordar que diversos estudios han demostrado que la disminución de la pobreza se explica en más de un 80 % por el crecimiento económico.

El tremendo contraste, de los indicadores económicos presentados precedentemente, en un período de doce años, demuestra la importancia que tiene sobre el bienestar del país un crecimiento económico alto y sostenido.

Sin embargo, a pesar de lo anterior, y de que, como se señaló al comienzo de este articulo, existe consenso entre la generalidad de los actores de la sociedad chilena respecto a que el crecimiento es pilar insustituible para lograr el bienestar, no se han tomado las decisiones adecuadas ni los incentivos correctos para alcanzar el desarrollo.

En efecto, hemos observado en los últimos años como se han modificado las reglas del juego, alterando el sistema impositivo y laboral, incrementado las regulaciones y la carga impositiva, restándole espacios al sector privado, que es precisamente el motor del desarrollo. Lo anterior se ha traducido en menor rentabilidad para las empresas, y en la consiguiente disminución del stock de proyectos rentables, lo que en definitiva se ha traducido en una disminución del nivel de inversión y consecuentemente en menor crecimiento económico y por tanto menor desarrollo y bienestar.

Lamentablemente para la gran mayoría de la población, este es precisamente el “circulo nefasto” en que se encuentra la economía nacional.

¿Que debemos hacer?. Más o menos, todo el mundo lo sabe.

 Estabilizar la confianza en todos los agentes económicos, dando seguridad sobre cuáles son las reglas del juego.
 Modernizar al Estado:
• Mejorar la eficiencia en su administración interna
• Optimizar sus Activos, Inversiones y Gastos
 Mejorar la Infraestructura, para ser competitivos con nuestra geografía.
 Adoptar una cultura emprendedora, innovadora.
 Sistematizar y simplificar todos nuestros procesos regulatorios: ambientales, municipales, tributarios, judiciales, bancarios, previsionales, impositivos, etcétera, etcétera.

Lejos, lo más importante es estabilizar la confianza en los agentes económicos, de modo que puedan proyectar en un horizonte de tiempo, sus decisiones de consumo e inversión. Para ello se requiere de políticas y acciones coherentes en pro del crecimiento, dejando de lado medidas populistas, regulatorias, discrecionales e intervencionistas por parte del Estado que, como la historia lo ha demostrado, en nada contribuyen a lograr el bienestar de nuestros compatriotas.

Alberto Salas Muñoz

Ingeniero Civil de Minas. Gerente General de la Sociedad Nacional de Minería.

areaminera.com Chile - [ 15 | 07 | 2002 - 10 : 10 ]

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