
|
No es extraño escuchar estos días que empresas que esperaban explotar y procesar un tipo de mineral tengan que cambiar, a poco andar, sus planes ya que el mineral no era del tipo esperado sino de otro, más complejo y más demandante; que otras empresas evidencien sobrecapacidades mientras otras traten de exagerar la extracción de los mejores contenidos a fin de paliar situaciones coyunturales en detrimento de producciones y economías futuras
INTRODUCCIÓN
Las últimas décadas han sido dramáticas para la industria minera. De poco han servido los procesos de reingenierías, de gestión optimizada, de reducción abrupta de costos, de externalizaciones, y sinergías. Estos han ayudado, indudablemente, pero no han sido capaces de cambiar sustantivamente la situación de la industria: los márgenes de rentabilidad continúan siendo insuficientes, sobretodo en comparación a otras industrias. ¿Que es lo que parece estar afectando el rendimiento de estos activos? A mi parecer la industria ha equivocado la actitud hacia una de las características relevantes de la industria: sus vulnerabilidades e incertidumbres.
Cuando me refiero a las vulnerabilidades e incertidumbres me refiero a aquellas que afectan el recurso y el negocio minero, vale decir, las variabilidades del recurso, las fluctuaciones de los procesos, y las volatilidades de los precios de los metales. Ellas, por cierto, no han cambiado con el tiempo. Lo que ha cambiado, eso sí, son las condiciones que han separado por siempre los resultados derivados de las expectativas, productos de esas incertidumbres, y las realidades del negocio. Treinta años atrás la relación entre el precio del cobre y el costo directo de producirlo era superior a 3:1. Hoy bordea 2:1…. Cualquiera fuera la diferencia entre expectativas y realidad, treinta años atrás, ella no influía en el resultado final del negocio: las condiciones para alcanzar una rentabilidad aceptable eran, en todo caso, muy inferiores a aquellas que proporcionaba, sin muchas sofisticaciones, la naturaleza. Así la industria vivió ciclos de gran bienestar. Hoy, la situación es muy diferente: las leyes han decaído abruptamente, la separación entre precios y costos es cada día más tenue y, así, pequeñas diferencias entre expectativas y realidad pueden significar la caída al rojo del negocio. No es extraño escuchar estos días que empresas que esperaban explotar y procesar un tipo de mineral tengan que cambiar, a poco andar, sus planes ya que el mineral no era del tipo esperado sino de otro, más complejo y más demandante; que otras empresas evidencien sobrecapacidades mientras otras traten de exagerar la extracción de los mejores contenidos a fin de paliar situaciones coyunturales en detrimento de producciones y economías futuras. Las promesas, por otro lado, quedan muchas veces como simples declaraciones de buenas intenciones. Ellas no llegan a convertirse en realidad.
EL NEGOCIO MINERO: NEGOCIO ALTAMENTE SELECTIVO
La calidad que debe impregnar en todos los productos de una empresa, las reglamentaciones ambientales existentes y las que vendrán, y sobre todo la disminución progresiva de leyes y precios hacen hincapié en el hecho de que el negocio es uno altamente selectivo. Los promedios tienen, en el negocio minero, solo un valor referencial; ellos no ayudan a explicitar las condiciones erráticas y aleatorias del negocio. Ellos no ayudan a crear valor. Las discriminaciones de materiales de distinta naturaleza, la separación de unidades de diferente valor y complejidad, la distinción de poblaciones con características intrínsecas son actividades que están al centro del completo aprovechamiento del recurso y de la rentabilidad del negocio.
EL NEGOCIO MINERO: NEGOCIO DE RENDIMIENTOS MARGINALES DECRECIENTES
La productividad del recurso de hoy impacta la productividad del recurso de mañana. Y de ahí que son muchísimas más las toneladas que tendremos que extraer mañana para solo mantener producciones similares a las de hoy. Tal como sucede con el recurso minero, los rendimientos marginales de otros activos son cada día menores y de ahí que son inmensos los esfuerzos por incorporar tecnologías, nuevos procesos, y mucha gestión. Paralelamente a esta situación los recursos mineros de calidad son más dificiles de encontrar y requieren de fondos sustanciosos. Con la tecnología sucede algo similar. Esta suerte de dificultades, vulnerabilidades, e incertidumbres ha hecho del negocio minero un negocio de caracter altamente secuencial. El desarrollo de prospectos y proyectos mineros incluye fases distintivas de estudio y análisis. La conjunción de información, conocimiento, y experiencia son elementos indispensables para identificar las insuficiencias y las eventuales desviaciones de esos estudios. Un salto acelerado de una información fragmentaria a un modelo funcional genérico puede significar millones de dolares en gastos adicionales o meses de estudios que deberán ser repetidos posteriormente. Grandes tonelajes, caracterizados con mallas insuficientes en medio de mineralizaciones difusas, pueden resultar en la desaparición de millones de toneladas de mineral. Esto puede ser particularmente peligroso en minerales de baja ley debido a la distribución asimétrica del recurso entre minerales de baja y alta ley (pej, distribución lognormal). Este fenómeno, aunque potencia la existencia de volúmenes de interesantes contenidos de metal (pej, los menos), implica, a la vez, la vulnerabilidad de los tonelajes de bajo contenido de metal (pej, los más), y evidencia, una vez más, la necesidad de diferenciar explícitamente estos sectores: errores en los tonelajes de bajas leyes, que son los que aumentarán con el tiempo, son, por lo general, mucho más relevantes que los que pudieran deslizarse en aquellos asociados con las altas leyes.
EL NEGOCIO MINERO: NEGOCIO CONTINGENTE
A la selectividad ya mencionada y a los rendimiento marginales decrecientes, que indican que el negocio se nutre de contingencias diarias, se agrega el hecho de que los actuales procedimientos de evaluación, a fin de ceñirse al hecho de explotar el depósito hasta su agotamiento completo, digamos 20 o más años, explicitan el concepto de "largo plazo" utilizando parámetros económicos estáticos, y determinísticos. El oro a tantos dólares la onza durante toda la vida de un proyecto, el cobre a tantos centavos por libra por las próximas dos décadas, las tasas de descuento corren igual suerte. Y la realidad es otra, muy diferente. Concretamente, la valorización de todo proyecto utiliza, hoy, el VAN como instrumento de medición. Siendo su mecánica correcta, es mi opinión, al igual que la de otros profesionales, que este instrumento requiere de una complementación para así satisfacer las condiciones en que operan las empresas sometidas a fuertes incertidumbres como son, en general, las industrias de recursos naturales. Las flexibilidades operativas, los planes de contingencia como respuestas inmediatas a situaciones imprevistas, la toma de decisiones secuenciales basada en información, mejor conocimiento, y acotación de incertidumbres deben ser incorporadas como parte de las valorizaciones del negocio minero. Quizás, un concepto más explícito de esta idea es diciendo que tradicionalmente el negocio minero ha realizado, primero, las mejores estimaciones de los parámetros técnicos del negocio para, posteriormente, optimizar el valor económico de este. Lo que hoy planteamos es que el negocio minero debe, primero, optimizar los parámetros técnicos del negocio para, posteriormente, realizar las mejores estimaciones del valor económico de este. No es este un juego de palabras sino una actitud frente al negocio minero posible de instrumentalizar a través de la práctica del formalismo de las opciones reales. "El formalismo de las opciones reales deriva su potencial de criterios modernos y avanzados de la ingenería financiera para el tratamiento del riesgo"
(Nota: Se adjunta presentación del autor ante la IV Mining Finance Conference, organizada por la SMi en Londres, March 14th&15th, 2001).
Baje Presentación de Edmundo Tulcanaza
Por Edmundo Tulcanaza
Envie su comentario al Columnista: etulcana@stgo.codelco.cl
|
EDMUNDO TULCANAZA
Ingeniero Civil de Minas. Egresado de la Universidad de Chile. Con estudios de especialización en Francia en la Escuela de Minas de Paris, y en la SEMA, comenzó su carrera profesional en la Empresa Minera Mantos Mantos y en la Empresa Nacional de Minería (ENAMI). Posteriormente, como especialista de la Organización de Estados Americanos (OEA), realizó consultorías para Minero-Perú, Centromin, Minas Buenaventura, y desarrolló actividades académicas en la Universidad Nacional de Ingeniería en Lima, Perú. En 1976 se radicó en los EEUU para continuar tareas de investigación en Harvard, Dpto. de Ciencias Geológicas, y prestar servicios a la compañía Cities Service en Tulsa, Oklahoma. Posteriormente, y por más de una década, estuvo trabajando para DavyMcKee Corporation, en su Centro de Minerales y Metales, en San Francisco, California, empresa con la cual participó en proyectos en EEUU, China, Sud America, y Europa. A principios de los noventa regresó a Chile como consultor de varias empresas de ingeniería, entre ellas Pincock, Allen, & Holt, Fluor, Davy, y Bechtel así como consultor para BHP Ingeniería y las divisiones de CODELCO-Chile. En 1994 pasa a ocupar el cargo de Gerente de Planificación y Tecnología Minera de CODELCO-Chile, cargo que ocupa en la actualidad. Autor de dos libros: Técnicas Geoestadísticas para la Estimación de Yacimientos Mineros (1992) y el recientemente publicado Evaluación de Recursos y Negocios Mineros (2000) editado por el IIMCh.
Volver
a
Edmundo Tulcanaza
... |