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Indudablemente que la riqueza de un activo minero, por ejemplo un depósito, ha dado origen a muchos estudios de naturaleza estadística donde uno de los índices de mayor interés ha sido el valor económico del recurso, establecido este en tantas onzas de oro o libras de cobre, por unidad de superficie. (pej, hectárea, km cuadrado, u otra medida). De este modo, mapas y modelos a nivel regional o continental, se configuran en base a estos índices a fin de establecer los mejores "blancos" de exploración.
El resultado de estos ejercicios, por lo general, evidencian, de una manera fácil, que la riqueza se distribuye muy heterogeneamente alrededor del planeta y que, justamente, Chile es uno de los países donde este índice es uno de los de mayor magnitud. No es de extrañar, entonces, que nuestro país se encuentre en una posición privilegiada, dentro de la industria minera, para llevar adelante nuevas exploraciones, acelerados desarrollos, o ampliaciones. Para decirlo de otro modo, la diferencia entre descubrir, desarrollar, y poner en marcha una mina en Chile y en otro país es bastante significativa a favor del nuestro. De igual manera, la riqueza del mineral influye significativamente en el costo de producción: dos compañías pueden gastar lo mismo para la extracción de una tonelada de mineral; sin embargo, la que tiene una mayor contenido de metal en esa tonelada exhibirá menores costos por cada libra de cobre. De ahí que surge el concepto de este "subsidio" que brinda la naturaleza de nuestro suelo por el uso de un recurso no-renovable, como es el caso del cobre, tanto en calidad como en cantidad.
EL AGOTAMIENTO DEL RECURSO MÁS ESCASO
Este hecho nos lleva a otro, de gran significancia, cual es el de la escasez de los recursos de mejor y mayor calidad y su reposición en el tiempo. Esta reposición no es mero capricho. Ella responde a las necesidades del planeta, para efectos de la sustentabilidad medioambiental; del país, para efectos de su crecimiento económico; y de la empresa, para propósitos de su permanencia en el negocio. Sin embargo, y pese a la importancia del tema, la reposición es prácticamente una actividad casi ignorada en todas las políticas mineras bajo la equivocada percepción de que existiría una significativa sobre-abundancia del recurso minero.
La confusión se deriva de una diferencia entre el concepto geológico y económico. Si bien desde el punto de vista geológico la abundancia de un recurso puede ser significativa, el recurso económico, y concretamente, estos recursos en forma de reservas, son cada día más limitadas en tamaño, más complejas desde el punto de vista tecnológico, y más caras desde el punto de vista económico. De ahí que el término exhaustabilidad tiene que ser dimensionado bajo estos dos prismas. Y de ahí que si la renta es un buen indicador de la escasez de un recurso, resulta interesante y quizás paradojal que en las últimas décadas la renta derivada la explotación de un recurso haya disminuído notoriamente, connotando con esto su aparente abundancia, a pesar de los agotamientos progresivos que se suceden día a día.
Uno de los factores que más influído en esta paradoja, fuera de otras, es sin dudas, los disminuídos precios de los metales como consecuencia del lento crecimiento industrial de las economías más desarrolladas. En efecto, un estudio reciente del Bloomsbury Mineral Economics (BME) indica que a diferencia de años anteriores en que se pensaba que el precio, en este caso del cobre, estaba relacionado con los inventarios del metal, hoy se piensa que más importante que estos es la tasa de crecimiento de la producción global industrial (IP). Factores macroeconómicos como este, externos a las operaciones en sí mismas, son los que empiezan a cobrar una alta relevancia en los nuevos negocios mineros.
LA COBERTURA DE ACTIVOS
Es por las razones anteriormente descritas que las instituciones financieras, frente a las grandes incertidumbres de la macroeconomía, tratan de asegurar, al menos, las características del activo minero. Y estos aseguramientos son y deben ser rigurosos. Y esto debido a que para todo banco o institución financiera, por ejemplo, la insuficiencia de reservas anticipan un negocio fracasado. Esto revela que las garantías y coberturas para un adecuado financiamiento no dependen exclusivamente de la solidez financiera de una empresa sino que fundamentalmente del negocio derivado del recurso bajo evaluación. De ahí la relevancia del tema de productividad y reposición del recurso como coberturas del negocio minero.
Por Edmundo Tulcanaza
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EDMUNDO TULCANAZA
Ingeniero Civil de Minas. Egresado de la Universidad de Chile. Con estudios de especialización en Francia en la Escuela de Minas de Paris, y en la SEMA, comenzó su carrera profesional en la Empresa Minera Mantos Mantos y en la Empresa Nacional de Minería (ENAMI). Posteriormente, como especialista de la Organización de Estados Americanos (OEA), realizó consultorías para Minero-Perú, Centromin, Minas Buenaventura, y desarrolló actividades académicas en la Universidad Nacional de Ingeniería en Lima, Perú. En 1976 se radicó en los EEUU para continuar tareas de investigación en Harvard, Dpto. de Ciencias Geológicas, y prestar servicios a la compañía Cities Service en Tulsa, Oklahoma. Posteriormente, y por más de una década, estuvo trabajando para DavyMcKee Corporation, en su Centro de Minerales y Metales, en San Francisco, California, empresa con la cual participó en proyectos en EEUU, China, Sud America, y Europa. A principios de los noventa regresó a Chile como consultor de varias empresas de ingeniería, entre ellas Pincock, Allen, & Holt, Fluor, Davy, y Bechtel así como consultor para BHP Ingeniería y las divisiones de CODELCO-Chile. En 1994 pasa a ocupar el cargo de Gerente de Planificación y Tecnología Minera de CODELCO-Chile, cargo que ocupa en la actualidad. Autor de dos libros: Técnicas Geoestadísticas para la Estimación de Yacimientos Mineros (1992) y el recientemente publicado Evaluación de Recursos y Negocios Mineros (2000) editado por el IIMCh.
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