La semana más crítica que se ha vivido desde el inicio de los recortes de gas desde Argentina, según confesó a LND el ministro de Energía, Marcelo Tokman, no sólo reveló la extrema dependencia del combustible. También provocó rencillas en la Concertación e instaló la discusión largamente pospuesta sobre el futuro energético del país.
A comienzos de esta semana, la más crítica que se ha vivido desde el inicio de los recortes de gas desde Argentina el año 2004, Marcelo Tokman no estaba seguro de que el Gobierno de Néstor Kirchner fuera a cumplir su compromiso de reponer el flujo del gas para uso comercial y residencial. A tanto llegaron sus dudas que, según sus cercanos, llamó a la ministra de Minería Karen Poniachik, su amiga y predecesora en la cartera de Energía, quien debió lidiar no sin dificultad por el tema con el ministro argentino de Planificación, Julio de Vido.
Por eso, cuando el martes por la noche el secretario de Estado supo de su contraparte transandina que el gas volvería a fluir hacia Chile a medianoche, respiró aliviado y llamó a La Moneda para consultar la mejor forma de comunicar la noticia. Debido a que el jefe de la Secretaría de Comunicaciones (Secom), Juan Carvajal, se encontraba de vacaciones en el extranjero, la respuesta de sus subalternos fue simple. Le dijeron que emitiera un comunicado de prensa.
De todos modos, Tokman decidió también efectuar una conferencia de prensa a mediodía del miércoles. “No sé si es necesario estar aquí nuevamente. Si ya no queda nada por decir”, manifestó segundos antes de sentarse frente a los periodistas para informarles que Argentina reanudó el suministro de gas, tal como había prometido el Gobierno argentino.
Aquella era la enésima vez en la semana que el ministro de Energía debía dar explicaciones frente a los medios por la más compleja de las crisis energéticas que se recuerden, y Tokman seguía sin tener completa certeza de cuánto puede fiarse de la palabra de los transandinos.
SALVANDO LA SITUACIÓN
Días antes y por tercera vez en el mes, estuvo latente el riesgo de que las 350 mil familias santiaguinas que contrataron los servicios de Metrogas se vieran obligadas a racionar su consumo del combustible.
La amenaza no era menor. Si la llave del recurso de allende los Andes –cerrada desde el lunes– no se reabría, la empresa debía echar a andar su plan de contingencia y poner en funcionamiento las plantas de gas propano a aire de Maipú y Estación Central. Pero se corría el riesgo de que la presión no fuera suficiente para empujar el gas hasta el sector oriente, donde está la mayor parte de sus clientes.
Para fortuna del Gobierno y también de la empresa distribuidora, Argentina cumplió y reafirmó su compromiso. “Estamos haciendo todo lo que podemos”, aseguró esta semana el Presidente Kirchner, al tiempo que destacó “la solidaridad permanente de su país” con Chile.
Más aun, Julio de Vido subrayó, con cierta propensión a la futurología, que la ola polar que puso en jaque la seguridad energética al otro lado de la cordillera fue “un evento absolutamente excepcional, uno en 45 años”.
A corto plazo, la estrategia del Gobierno fue jugársela esta semana por confiar en el compromiso argentino. Fue ahí donde se centraron los esfuerzos de la Cancillería y de algunos parlamentarios oficialistas.
Pero también se orientó en realizar las gestiones necesarias para acelerar las inversiones que en el futuro evitarán crisis similares. Sólo en los últimos días, el consorcio de consumidores de la futura planta de gas natural licuado (GNL) en Quintero –la apuesta más firme para abastecer a los clientes residenciales e industriales de la zona central– firmó los contratos definitivos que permitirán contar con el recurso a mediados de 2009, mientras que Codelco presentó el estudio de impacto ambiental para construir una planta similar en Mejillones, que abastecería a las grandes mineras del norte.
Sin embargo, la señal más potente llegó luego de que el Gobierno se comprometiera a agilizar las gestiones para que la planta de gas propano de emergencia esté funcionando a más tardar en octubre de este año. Cuando esto ocurra, frente a cualquier eventualidad que ponga en riesgo el abastecimiento argentino, Metrogas podrá garantizar el consumo total a todos sus clientes residenciales y comerciales.
Fue la ausencia de esta planta la que generó la incertidumbre en miles de hogares de la zona oriente de Santiago, que no sabían cuántos días más tendrían una ducha de agua caliente segura. Pese a que la distribuidora trabaja en la planta desde 2005, su construcción aún no comienza y las gestiones para hacerlo recién se están acelerando como reacción a la crisis.
Frente a este retraso, fuentes de Metrogas argumentan que “no estamos obligados a construirlas antes. A otras empresas, como las eléctricas, por ejemplo, no se les exige un respaldo y cortan simplemente el servicio. En cambio, nosotros desde el primer año contamos con dos plantas [en Maipú y Estación Central] y estamos incorporando una tercera por el aumento de la demanda”.
EL PEOR ESCENARIO
Aunque improbable, los riesgos ante un eventual cierre de las cañerías para el consumo de los hogares son significativos. Según un experto, la reposición del servicio podría tardar más de diez días, porque por seguridad se debe hacer de forma paulatina, hogar por hogar.
Como parte del plan de contingencia, la empresa también trabaja junto al Ministerio de Energía y la Comisión Nacional de Energía (CNE) en una campaña de información para el ahorro en el consumo de gas “que estará lista en las próximas semanas y que fomentará la eficiencia con incentivos en cuentas más baratas”.
Más allá de los planes para enfrentar la contingencia (la que podría agudizarse cuando entre de lleno el invierno), esta semana se puso también el acento en la estrategia energética de largo plazo, por la que se apostó y se apostará en el futuro.
Fue lo que hizo el entonces Presidente Eduardo Frei cuando durante su mandato se lanzó con todo por el gas natural argentino. En su momento, la jugada fue maestra: energía limpia y barata justo cuando las sequías complicaban la generación eléctrica. Según cálculos de la ex secretaria ejecutiva de la CNE María Isabel González, el país se ahorró tres mil millones de dólares utilizando el combustible de nuestros vecinos del este.
Eso hasta 2002, cuando comenzaron los problemas energéticos en Argentina. Se reventó la burbuja en que estaba Chile y quedó en evidencia la fuerte dependencia del combustible de este país. Más aún, mientras llegaba el gas natural la carpeta de inversiones en la industria energética chilena estuvo casi vacía, agudizando todavía más lo que vendría un par de años después.
Cuando esto ocurrió, la entonces secretaria ejecutiva de la CNE, Vivianne Blanlot, asegura que advirtió de los riesgos que podría traer la dependencia del combustible argentino y que las diferencias con el ministro de Economía de Lagos, Jorge Rodríguez Grossi, la obligaron a salir del cargo.
“Me parece completamente contradictorio”, contraataca Rodríguez. “Por qué ella siendo la secretaria de la comisión siguió proponiendo obras en torno al gas natural. Es insólito. Si yo estoy convencido de que un insumo va a fallar, no propongo que las plantas usen ese combustible”.
Según un ex funcionario de la CNE, “claramente faltó una mirada estratégica de largo plazo. Por eso ahora al Gobierno le corresponde encabezar este análisis y resolverlo junto al mercado”.
“LA CLAVE ES DIVERSIFICAR”
Cálculos de Electroconsultores indican que de aquí a 10 años, Chile demandará energía por 10 mil megawatts (Mw) adicionales a los que se consumen hoy. Francisco Aguirre, uno de los socios de esta consultora, asegura que para satisfacer esta demanda se necesitarán inversiones superiores a los 2.400 Mw de capacidad instalada que tendrán las centrales en Aysén y los 900 Mw que aportarán en 2024 las energías renovables no convencionales.
Expertos del sector aseguran que la oferta energética apostará por la hidroelectricidad, la plantas de carbón e, incluso, la energía nuclear, pero a largo plazo, ya que la Presidenta Bachelet se comprometió con los ecologistas a no incluir esta opción durante su mandato. “La clave está en diversificar”, afirma María Isabel González.
Dentro de esta diversificación, el gas natural argentino quedaría totalmente fuera, considerando que sus niveles de exploración y producción de energía han bajado de forma considerable.
Según un experto transandino que asesora a la CNE, “la situación es crítica y más grave que los otros años, porque la demanda en Argentina está fuera de control. Como no hay suficiente gas para generar la demanda eléctrica, hay cortes y todo el gas disponible se utiliza para generar electricidad en distintos lugares. Para el año siguiente las proyecciones son peores. No veo que pueda cambiar”.
La misma fuente agrega que “si Chile se conforma con que Argentina le envíe un poquito de gas y están contentos con eso, entonces no tengo ninguna duda de que no le va a mandar más gas. Es que el mensaje que recibe Kirchner es que con que le mande el millón y medio de toneladas diarias que se le mandó, y aun cuando haya cortes a cero algunos días, eso está bien y es suficiente”.
Por D. Zambra y M. Paz
La Nación Domingo