Al tratar de generar una línea base del diagnóstico de nuestra situación actual en términos del desarrollo de la ciencia, tecnología, y aún más, la innovación en nuestro país, pareciera ser que hay un profundo consenso en los varios puntos.
En términos de publicaciones científicas estamos por debajo de la producción del total de América Latina y El Caribe. Además de presentar los conocidos problemas de concentración de la riqueza, nuestro país presenta reiterados problemas en la concentración de la productividad científica.
Lo anterior se presenta de la forma como se quiera que se mida: publicaciones netas, número de citaciones, en relación al ingreso per cápita, en relación a la población total, en relación al PIB, impacto, solicitudes de patentes relacionadas con algunos de los datos anteriores, etc.
Los desafíos que enfrenta nuestro país en un mundo globalizado son muy grandes para ser afrontados por el reducido número de investigadores que tiene el país en la actualidad.
No existe en el país un consenso con respecto a los montos o porcentajes de los fondos que se distribuyen en investigación básica, aplicada o desarrollo experimental . De la misma manera no hay consenso con respecto a la distribución eficiente de los fondos de acuerdo a las disciplinas o líneas prioritarias de investigación, dentro de los Fondos y/o Programas concursables.
Relación inversión en Ciencia y Tecnología con respecto al PIB, muy bajo con respecto a países análogos a Chile y que han superado la barrera del subdesarrollo (Irlanda y Finlandia, por ejemplo, países que han revertido sus situaciones pasadas en las que sus economías hace algunos años dependían fuertemente de las exportaciones de materias primas). Además presentamos una relación entre la inversión pública y privada en ciencia y tecnología inversa a la mostrada por esos países, en donde el gran peso se lo llevan las empresas privadas y no como en Chile que el gran peso lo sigue asumiendo el Estado.
Bajo nivel en la vinculación de las Empresas con las Universidades .
Además se suman problemas de visiones erradas como las siguientes:
Las empresas perciben que las soluciones que pueden aportar la ciencia, tecnología e innovación son a problemas específicos, más que son soluciones a mediano y largo plazo y deben ser incorporadas en las estrategias de crecimiento de ellas.
Las soluciones de entrega la ciencia, tecnología e innovación son muy lejanas a los reales problemas de la comunidad chilena en general.
Pareciera que la comunidad en general mantiene la percepción que las actividades y esfuerzos realizados en ciencia, tecnología e innovación son sólo para mantener a un cierto grupo de elite funcionando y no generan palpables en el día a día.
Por otro lado hay fallas propias del sistema o como llaman los economistas, fallas de mercado:
No todos los retornos vuelven al inversionista, al menos en el corto plazo y
Existen fallas de coordinación: hay rentabilidad solo si hay una serie de entes coordinados para ello, por ejemplo el caso de los clústers mineros, salmoneros, forestales, agrícolas, vitivinícolas, etc.
Finalmente, nuestro sistema e institucionalidad de ciencia, tecnología e innovación, pareciera ser algo confuso, lo que se traduce en:
Falta de políticas claras que nos entregue líneas específicas donde invertir nuestros fondos.
Débil lineamiento coherente y cohesionado con respecto a los esfuerzos del Estado para entregar sus fondos. Desde el mundo privado el lineamiento es aún más confuso.
Confusión para saber quién coordina e integra los esfuerzos estatales y las necesidades comerciales de las empresas, en nuestro país.
Confusión para saber quién determina qué porcentaje de la investigación en nuestro país debe ser básica (muy útil por lo demás), qué porcentaje debe ser investigación aplicada y qué porcentaje debe ser desarrollo experimental?
Elevada dispersión de fondos estatales con objetivos redundantes, diversos formatos para concursar dependiendo de la Institución, al investigador se le obliga a llenar una y otra vez diferentes documentos para postular a diversos fondos, se ha creado una cierta especialización en algunos para las postulaciones y se ha creado, en algunos casos, la necesidad de financiar un proyecto con 2 ó más fondos, obligando al investigador a estudiar profundamente el sistema y conocer la “jungla” completa para poder operar racionalmente en ella.
Dado el diagnóstico anterior, en el que pareciera que estamos de acuerdo en términos generales, se hace necesario avanzar en la solución integral de ellos.
Para eso el gobierno de Ricardo Lagos a determinado dos líneas muy claras de acción:
1. La generación de un nuevo impuesto específico a la actividad minera con el que se tendrá un aumento significativo de los recursos para invertir en innovación de alrededor de US$142 millones anuales adicionales en régimen y
2. Un proyecto de ley de institucionalidad en innovación, mediante el cual se persigue aumentar el esfuerzo nacional -público y privado- en el campo de la innovación para la competitividad. Se espera que dicha Institucionalidad desarrolle los siguientes 4 puntos:
Plantee una estrategia participativa y consensuada que oriente y coordine las políticas en el campo de la innovación para la competitividad.
Movilice recursos del sector privado;
Fomente la cooperación público-privada y entre el sector investigador y el sector productivo; y
Monitoree y evalúe sistemáticamente las políticas públicas en el ámbito de la innovación.
Hasta aquí todo muy bien; lo que aún no está claro es la constatación que si bien los recursos provienen del sector minero, no hay un lineamiento lúcido y evidente que un cierto porcentaje de dichos recursos, se devuelvan al sector minero en términos de solucionar las reales necesidades y deficiencias que presenta esta actividad en la actualidad.
Muchos han sido los esfuerzos en el pasado por contar con un fondo concursable propio y específico para un sector que es tan relevante para la economía nacional y que no profundizaré en la importancia relativa con otros sectores, en las políticas estatales sociales, de salud, educación, erradicación de la pobreza, etc.
Esperamos que esta sea la oportunidad y que junto con definir las dos líneas anteriores, (impuesto e institucionalidad), se defina y priorice un fondo específico dedicado íntegramente a financiar proyectos y estudios (becas) para el sector que mayores contribuciones ha dado y seguirá dando al desarrollo de nuestro querido país.
IVÁN RODRÍGUEZ GONZÁLEZ