Esta semana escribe
Juan Carlos Guajardo
Chile frente a la industria del reciclado de Cobre

El reciclado de cobre es un segmento productivo creciente que en una cada vez mayor medida, comparte la oferta total del metal rojo en el mercado mundial con el cobre extraído directamente de los yacimientos. Este artículo pretende reflexionar acerca de la forma en que un país productor como Chile podría entender y enfrentar este desafío.


El reciclado, es decir, el procesamiento de materiales que ya han cumplido el período de vida útil con el fin de recuperar una porción para una nueva utilización, es una rama industrial en permanente crecimiento. En nuestra sociedad, tenemos constancia del tema a través de la consolidación del papel reciclado, sin embargo este fenómeno se registra cada vez más ampliamente y por cierto incluye el caso del cobre.

La razón para esta expansión no se debe sólo a la inexorable mejora en los procesamientos técnicos que permite acceder a medios que lo hacen cada vez más rentable -aún cuando la cotización del metal se encuentre en niveles bajos-, sino fundamentalmente a las presiones provenientes de postulados ambientales que consideran que la alta utilización de recursos naturales (y ambientales) observada en la economía actual, especialmente en los países industrializados, es una de las causas de los males que afectan a la naturaleza, y más aún, califican como “derroche” el hecho de extraer recursos descuidando la etapa en que éstos cumplen con su ciclo de vida. A partir de esta visión -por lo demás incorporada lenta pero definitivamente en los círculos de decisión política fundamentalmente en la Unión Europea-, han surgido una serie de iniciativas que apuntan a disminuir la utilización de recursos en la producción de bienes y servicios y complementariamente, aumentar la proporción de recursos provenientes de reciclado en el consumo final. Los postulados más importantes en este sentido son los conocidos como el “factor 10” y el “factor 4”, que cuantifican en cantidad y tiempo las reducciones de materiales en el consumo de los países europeos, y que indirectamente refuerzan la tendencia a utilizar cada vez más materiales reciclados.

Adicionalmente, una razón importante que impulsa a esta industria y que explica el vigor con que el sector productivo ha asumido este tema, es que los bienes y servicios medioambientales en sí mismos se han constituido en un importante negocio. El mercado mundial de las tecnologías de control de la contaminación y otros bienes y servicios ambientales creció de 295.000 millones de dólares en 1992 a 426.000 millones en 1997, alcanzando el 2% del Producto Bruto Mundial. Las proyecciones son que este gasto puede alcanzar los 572.000 millones de dólares en el 2001, superando a la industria aeroespacial, a la de armamentos y a la industria química. Hasta ahora, por cierto, esta industria del reciclado se encuentra concentrada casi exclusivamente en los países industrializados.

¿Cómo debiera enfrentar esta tendencia un país productor de la magnitud de Chile en el caso de un elemento, como el cobre, sujeto importante de los procesos de reciclado?.

Como en muchos otros casos de tendencias tecnológicas y ambientales, parece inevitable el incremento de la proporción de cobre reciclado en el total disponible mundial, determinando que la alternativa no sólo más viable sino también más coherente con la posición actual de Chile sea la participación activa en este proceso.

Los argumentos que respaldan esta posición, son básicamente dos. El primero, la necesidad del país de participar en uno de los segmentos de mercado con mayores niveles y posibilidades de crecimiento en la oferta de cobre, convirtiendo lo que parece ser un “riesgo de disminución” en la participación de un mercado en el cual el país es líder, en una “oportunidad de incremento” de ella. Esta alternativa que supone una forma de “integración vertical”, le permitiría además a Chile romper su concentración productiva en la etapa extractiva primaria de la cadena de valor de la industria del cobre.

El segundo elemento a considerar a favor de una participación en este segmento productivo, se basa en las favorables perspectivas que ofrece la recuperación de la “chatarra de cobre” -como es conocido el insumo del reciclado en el caso del metal rojo-, que se incorpora nuevamente a los procesos de fundición y refinación. Es interesante destacar que el conocimiento actual sobre el tema reconoce al cobre como uno de los metales con mayores posibilidades de ser reutilizados. Especialmente atractiva resulta esta situación si se compara las posibilidades de reciclado respecto a metales competidores, como el aluminio. En efecto, el cobre es uno de los metales con mayores grados de recuperabilidad: más del doble que el zinc y el estaño y un 60% más que el aluminio. Además, muchos de los materiales no metálicos competidores del cobre, ni siquiera tiene esta cualidad de reciclado.

¿Tenemos ventajas competitivas como país para abocarnos a este segmento productivo o es mejor concentrarnos en el nicho seguro de la extracción primaria?. Sería valioso un debate de este tipo en Chile, pero al menos consta que luego de largos años de explotación minera, existen capacidades y conocimientos (el “know-how” minero), para entender y enfrentar el desafío. Resta enfocar y organizar recursos hacia un objetivo de este tipo y definir la forma en que se debiera participar. Hasta ahora el país participa de este segmento productivo a través de la asociación de la minería estatal con empresas alemanas, aunque aún en proporciones pequeñas para un segmento que representa actualmente el 20% del total de cobre refinado ofertado en el mundo.

Por último, el debate no se circunscribe sólo a una cuestión de estrategia comercial, es decir, de cómo enfrentar lo que parece ser un proceso de competencia entre nuestro cobre extraído directamente de los yacimientos con un cobre reprocesado que confluyen a un mismo cuerpo de oferta global. La posibilidad de participar en la industria del reciclado de cobre es importante para el país, pues permitiría reforzar el rol de la minería chilena como impulsora del desarrollo nacional a través de la diversificación de la actividad productiva y el impulso de nuevas formas de exportación, esta vez en la forma del valioso conocimiento acumulado en nuestro capital humano. El reciclado constituye entonces una oportunidad para lograr conjuntamente participar en una actividad económica exitosa, insertarse competitivamente en la economía mundial y en sintonía con las tendencias internacionales ambientales, cada vez más exigentes y condicionantes.

Por Juan Carlos Guajardo
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Juan Carlos Guajardo B.
Ingeniero Comercial, Universidad Católica de Valparaíso
Doctor (c) Economía, Universidad Complutense de Madrid, España
Estudios avanzados en Minería y Medio Ambiente, Universidad de Luleä, Suecia.

areaminera.com Chile - [ 04 | 11 | 2001 - 21 : 28 ]

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