Actualmente nos encontramos en un período marcado por las transformaciones y vertiginosos avances introducidos por el denominado mundo tecnológico, el que ha realizado aportes importantes a los procesos productivos - cada vez más competitivos -, al mismo tiempo que incorpora mayores exigencias en el ámbito laboral.
En este sentido, el desarrollo de las competencias y capacidades de los trabajadores son los patrones que en definitiva están marcando la pauta para garantizar una mayor competitividad en las empresas del siglo XXI.
Lo anterior es posible conseguirlo sólo en la medida que las organizaciones asuman su responsabilidad en cuánto a capacitar y otorgar mayores habilidades a las personas, y que comprendan que solo de esta manera podrán desarrollar el máximo potencial para lograr una competitividad perdurable en el tiempo.
Es por esta razón que la formación y el desarrollo del capital humano, debe realizarse en forma permanente y continua, de manera que los trabajadores se adapten de acuerdo a las nuevas necesidades, las que también reclaman una mayor flexibilidad y profesionalización.
En un mercado cada vez más exigente y competitivo, la relación entre formación y trabajo ha sido determinante para la competitividad, no sólo de las organizaciones, sino que también para poderosos bloques económicos. Son precisamente los conjuntos de habilidades adoptadas por los trabajadores para resolver situaciones concretas de trabajo, las que en definitiva, hacen posible el mayor crecimiento y competitividad de las empresas.
Asimismo, es necesario que el mundo empresarial comprenda que para hacer frente a la problemática mundial cada vez más compleja, a causa del deprimido estado en que se encuentra la economía internacional, las mayores herramientas que se le otorguen a los trabajadores, serán elementos fundamentales para enfrentar este escenario.
En este panorama, se hace cada vez más frecuente ver a los trabajadores enfrentados a la incorporación de tecnología en sus ambientes de trabajo, cuyo aporte es innegable para el desempeño de las empresas, pero que indudablemente genera incertidumbre e inseguridad en los trabajadores. Por esta razón, es nuestro deber como dirigentes sindicales, estar atentos a que la inversión que se haga en tecnología sea un aporte efectivo para la productividad y que en ningún caso se traduzca en una amenaza para los trabajadores, en el sentido de atentar contra la empleabilidad, por lo tanto, es imperioso desarrollar el potencial de las personas y buscar junto a los trabajadores mecanismos eficaces para priorizar el empleo y la estabilidad laboral por sobre toda las cosas.
Si están garantizados estos elementos y además le son otorgadas las herramientas necesarias a los trabajadores para que se desenvuelvan exitosamente en esta esfera cada vez más tecnificada y competitiva, no hay ninguna duda que la competitividad, la eficiencia y el desarrollo de una empresa estará garantizada.
Como movimiento sindical estamos consciente que lo anterior sólo es posible conseguirlo en la medida que se adopten políticas y acuerdos en conjunto con los trabajadores. En este sentido, hemos sido capaces de contribuir de gran manera a la generación de esta nueva cultura laboral, siendo parte de un proceso modernizador y con grandes expectativas de desarrollo como lo es nuestro Proyecto Común de Empresa, desafío que tanto los trabajadores, como el sindicalismo hemos sabido abordar. Ahora la tarea principal es hacer realidad la preocupación por la dignidad de las personas, afianzando sus potencialidades y posibilidades de desarrollo, con el único objetivo de consolidar a Codelco como una empresa del Estado líder a nivel mundial.
Estamos convencidos que para obtener mayor progreso y desarrollo, no tan sólo para una empresa, sino que para el país en general, es necesario conjugar crecimiento y competitividad, con grandes inversiones en capital humano. En este sentido, los trabajadores debemos hacer nuestras estas reivindicaciones, no sólo planteadas desde la esfera profesional, sino que hacerla extensiva al desarrollo integral de las personas.
Sin embargo, de nada sirve que el principal motor de desarrollo para cualquier actividad productiva, como lo son los trabajadores, pongan todo su esfuerzo para adaptarse a estos procesos modernizadores, si en las altas esferas de las organizaciones no logran internalizar y asumir estas transformaciones.
En este sentido, es frecuente observar como en el seno de las empresas se está empezando a hablar con fuerza de “Gestión Participativa”, que en muchos casos no es más que un gran concepto, puesto que para hacerla realidad implica un cambio cultural al interior de las organizaciones, las que pese a los patrones dictados por las nuevas tendencias, continúan imponiendo estructuras jerarquizadas, donde los espacios de participación son prácticamente inexistentes.
Afortunadamente, en Codelco estamos dando un paso agigantado en esta materia, cuya manifestación más evidente es la concreción del Proyecto Común de Empresa, el cual genera no sólo las mejores posibilidades de desarrollo, empleabilidad y estabilidad en Codelco, sino que abre un abanico de posibilidades para incrementar el potencial humano, asegurando el respeto a los trabajadores y permitiéndole a los mismos participar en las grandes decisiones de la empresa, lo que constituirá un aporte significativo al crecimiento, productividad y eficiencia de la empresa estatal más grande de nuestro país, en beneficio de todos los chilenos.
El camino por recorrer aún es largo, puesto que los acuerdos y voluntades no bastan por sí solos para obtener los resultados; se requiere de acciones concretas que permitan erradicar definitivamente los paradigmas y estereotipos del pasado y que aún generan desconfianza en la gente. Una vez asumido que mientras mayor sea la inversión en recurso humano e instaurando concretamente una Gestión Participativa al interior de las empresas, los resultados económicos de las mismas, lograrán sin ninguna duda, cumplir con las expectativas.
Por Raimundo Espinoza, Presidente Federación de Trabajadores del Cobre