Esta semana escribe
Por Raimundo Espinoza. Pdte. de la FTC
La Privatización de Codelco y de las Empresas Públicas, una Nueva Ofensiva en Curso

Durante las últimas semanas hemos sido testigos de como personajes representantes de la derecha política de nuestro país han puesto en el tapete un tema que parece despertar una longeva obsesión de un grupo que representa poderosos intereses en el país y que no logra desprenderse de antiguos ideologismos.

En efecto, el verdadero jefe de la derecha, el Presidente de la UDI Pablo Longueira, ha declarado que para derrotar a la pobreza en Chile hay que privatizar Codelco, señalando en un acto de “agudeza mental” que dicha venta debiera hacerse en paquetes accionarios de un millón de dólares, seguramente para evitar la concentración del poder económico en pocas manos, cuestión que a este político en alza, aparentemente le molesta. Para no irle en zaga, el Presidente de R.N., el empresario Sebastián Piñera, ha planteado en el primer punto de la propuesta de agenda que su Partido ha entregado al Gobierno, la privatización de las empresas públicas.

Lo primero que llama la atención de estos planteamientos es la pobreza de argumentos, puesto que la propia evidencia de los hechos les ha ido cercenando los pocos fundamentos que tenían. No olvidemos que el gran argumento esgrimido hace algunos años era que Chile estaba perdiendo el liderazgo en la región, dada la agresiva política de privatizaciones que impulsó el Presidente Menen. Hoy día el pueblo argentino vive en carne propia los efectos de estas políticas tan admiradas en su minuto por la derecha chilena y que han desembocado en la peor crisis de la historia de ese país, cuyos resultados visibles son una gigantesca deuda, alza en las tarifas de los servicios públicos y en las gasolinas, luego de la privatización de la empresa petrolera YPF, dejando de paso un patrimonio público que se reduce a los edificios fiscales, incluida Casa Rosada.

No obstante, el ingenio de los líderes de la derecha chilena para encontrar pseudo argumentos que justifiquen la privatización de los activos públicos, no se agota tan fácilmente. Analicemos a fondo el argumento de la venta de Codelco para derrotar la pobreza propuesto por el jefe del primer partido político de la Nación que se ha planteado transformar a la UDI en el partido de los pobres. Un primer punto que conviene dejar aclarado es que la gran empresa de todos los chilenos, nacionalizada en el gobierno del Presidente Allende, con el acuerdo unánime del Congreso Nacional, el 11 de julio de 1971, le ha entregado sistemáticamente al erario nacional el 100% de los excedentes que ha generado, que llevados a valores del año 2000, equivalen a más de treinta mil millones de dólares durante 30 años. Por lo tanto, Codelco, no sólo no compite con el gasto social en educación, salud o vivienda, sino que es una de las principales fuentes de financiamiento con que ha contado el fisco año tras año para financiar sus políticas sociales.

Desde un punto de vista económico, es completamente irracional desprenderse de un activo que permanentemente crea valor para destinar esos recursos de manera populista en financiar mayor gasto social por un período breve de tiempo. Esta idea es equivalente a que una familia campesina se desprendiera de su pequeña parcela para financiar mayores gastos en calidad de vida para sus miembros. Obviamente lo recibido les alcanzaría para mejorar su bienestar por un breve tiempo, pero como bien reza el dicho, sería pan para hoy y hambre para mañana.

Habrá que entender la idea de Longueira de vender Codelco, diluyendo su propiedad - con este límite del millón de dólares - como una propuesta que se inserta en el marco de la declaración del timonel de la UDI de transformar su Partido en el gran defensor de los intereses de los pobres, aburrido de que le enrostraran ser el Partido de los ricos.

Veamos los hechos, Codelco actualmente vale una cifra del orden de los 9.000 millones de dólares, si uno actualiza a valor presente los flujos que la compañía generaría en los próximos 25 años. De acuerdo a la propuesta de Longueira, Codelco se transformará en una sociedad anónima, con unos probables 9000 accionistas que, obviamente no provendrán de la gente de esfuerzo de este país, ni menos de los pobres. Tampoco nadie puede asegurar que más temprano que tarde surja un grupo controlador que abra un poder comprador de las acciones, o vía aumentos de capital, el poder se vaya concentrando en pocas manos. Lo que sigue es historia conocida: estos buenos y eficientes empresarios privados pagarán escasos impuestos, y casualmente resultarán ser buenos y agradecidos amigos de la UDI, que colaborarán en financiar las millonarias campañas de los candidatos de la UDI, que por supuesto, continuarán haciendo sus mejores esfuerzos para derrotar la pobreza en Chile.

A la luz de las experiencias pasadas y presentes, tenemos el legítimo derecho de dudar de la sinceridad de este apostolado de Longueira, ya que como bien sabemos, esta receta aplicada en el pasado con la privatización de las empresas eléctricas, Soquimich y otras, significó que los ex ejecutivos de las empresas públicas privatizadas, milagrosamente pasaron de modestos servidores públicos a ser los dueños de las mismas empresas que en tiempos del capitán general -ahora también olvidado, ya que no es rentable electoralmente reivindicarlo- se privatizaron. Los pobres ganaron tarifas más altas en los servicios básicos, los ricos fueron más ricos y los pobres más pobres, y Chile se afianzó como uno de los países líderes en América y el mundo, por su desigual distribución de la riqueza, y lógicamente la UDI, que no le gusta ser el partido de los ricos, sacó curiosamente el 70% de los votos en las comunas de Vitacura, las Condes y Providencia.

Y ahora Longueira quiere convencer al país que es una buena idea privatizar Codelco para terminar con la pobreza. Muy lúcidamente el escritor chileno Gonzalo Contreras escribió en una columna en un matutino que “Ningún partido podría autodefinirse como el Partido de los ricos, sería un suicidio político, pero más allá de las declaraciones, si puede, en los hechos, serlo”.

Los trabajadores del cobre estamos plenamente conscientes de nuestra responsabilidad con el país, la que nos compromete a demostrar en los hechos que esta empresa publica, no sólo es eficiente, sino que es de las más competitivas del mundo en la industria cuprífera. Hace 6 años los técnicos de la UDI propusieron vender Codelco, en ese tiempo hablaron que la Corporación podría valer del orden de los 3 mil a 4 mil millones de dólares. Transcurridos 6 años, Codelco entregó al Fisco una cifra cercana a los 6 mil millones de dólares y, simultáneamente, gracias a sus avances en mejoramientos de gestión y a las inversiones en desarrollo que fueron posibles gracias a la alianza estratégica con sus trabajadores, Codelco vale hoy más del doble del valor en que la UDI quería vender esta empresa. Más aun, el nuevo Proyecto Común de Empresa que actualmente se implementa en Codelco, se ha propuesto en condiciones más exigentes volver a doblar el valor de la compañía al año 2006, manteniendo su política de no reinvertir nada de sus excedentes, sino que entregarlos en su totalidad al Fisco para el presupuesto anual de la Nación.

Un Codelco 100% estatal, eficiente y competitivo, es lejos el mejor negocio que tiene el país y en especial las personas más desposeídas. La privatización de Codelco o de las demás empresas publicas, que al igual que Codelco pasan con creces el test de la eficiencia, sólo constituyen un buen negocio para Longueira y compañía, quienes verán abultada su ya nutrida chequera para financiar la empresa de llevar al sillón de O’Higgins al sonriente y no tan eficiente alcalde de Santiago.



Raimundo Espinoza C.
Presidente Federación de Trabajadores del Cobre

areaminera.com Chile - [ 12 | 02 | 2002 - 00 : 20 ]

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