La contribución del GIEC se ha materializado en la generación periódica de estadísticas confiables y autorizadas sobre producción, comercio y usos del cobre, que permiten medir y proyectar las condiciones en que se encuentra los fundamentos del mercado.
Ya concluida la X Sesión General del Grupo Internacional de Estudios del Cobre que se realizó la semana pasada en Santiago, quiero reflexionar sobre las consecuencias que nos ha traído la creación de esta organización, a la que han adherido países relevantes en el mercado del cobre, que hoy explican más del 80% de la producción y consumo de cobre mundial.
Dentro de los logros alcanzados por el Grupo desde sus inicios en 1992, debo expresar mi satisfacción por la consolidación del GIEC como foro global, constituyéndose en un ámbito de convergencias en materias del cobre. Allí, los gobiernos y la industria pueden expresar sus posiciones, derivadas de su condición de productor o de consumidor, de su ubicación geográfica y de su grado de desarrollo económico.
El hilo conductor de las deliberaciones, es el interés por incrementar la transparencia del mercado, mediante el flujo de la información pertinente desde y hacia los países integrantes, con la coordinación técnica del staff permanente del GIEC.
Su contribución se ha materializado en la generación periódica de estadísticas confiables y autorizadas sobre producción, comercio y usos del cobre, que permiten medir y proyectar las condiciones en que se encuentra los fundamentos del mercado. Este mayor aporte a la transparencia del mercado, es hoy ampliamente reconocido por la industria global del cobre.
De igual modo, en estos años se han focalizado esfuerzos en la ejecución de estudios e informes que han investigado los mercados emergentes de Asia y Europa del Este. Asimismo, el mercado del cobre secundario y sus tendencias, han sido objeto de interés en las investigaciones desarrolladas en el último tiempo.
Asimismo, el Grupo ha participado activamente en la discusión global sobre sustentabilidad y la actividad minera, aportando conocimiento y visión sobre esta estratégica materia, en el marco del Foro Consultivo para el Desarrollo Sustentable de Metales No ferrosos. Aún queda mucho por desarrollar sobre esta materia, y el sinnúmero de reuniones y congresos que se desarrollarán este año así lo demuestran.
A todo lo anterior, debemos agregar que el GIEC es un ámbito para promover la cooperación internacional sobre materias relacionadas al cobre. Ello, es especialmente gravitante para enfrentar conjuntamente temas que van surgiendo a la discusión internacional, tales como los ambientales y sobre la salud, los cuales directa o indirectamente pueden tener efectos negativos para el cobre.
Ya cumplida la consolidación institucional del GIEC, corresponde entonces, imprimirle nuevos impulsos al funcionamiento del Grupo. A modo de ejemplo, en mi calidad de Presidente del Grupo, sugiero algunos de los temas a los que deberíamos dedicarle mayor atención en nuestros próximos debates:
- Seguir la evolución y perspectivas de la economía mundial, junto con disponer de datos sobre la actividad industrial, particularmente de los sectores consumidores de cobre. Es indispensable mejorar y profundizar el conocimiento de las variables que hoy inciden en la demanda de cobre.
- Profundizar la atención en mercados emergentes, tanto geográficos como de potenciales aplicaciones industriales. Ello implicará ampliar la base de investigación que desarrolla actualmente el Grupo.
- Analizar los desarrollos tecnológicos claves, tanto para la mayor eficiencia de la producción del metal, su reciclaje, como también, la competitividad del cobre en su incorporación a productos industriales.
- Desarrollar mayor conocimiento y generar estrategias, sólidamente fundadas, que sitúen a la minería del cobre en armonía con un desarrollo sustentable.
La consecución de lo anterior requiere fortalecer el funcionamiento del GIEC, por lo que debemos contar con una participación más comprometida aún de los países que lo integran, tanto de sus representantes gubernamentales como de la industria, cuyos puntos de vistas enriquecerán la visión prospectiva que deseamos conformar. Esto se encuentra ligado a nuestro deseo de ampliar la membresía del Grupo, tarea estratégica que nos comprometemos a desarrollar durante nuestra gestión.
Complementariamente, es necesario estrechar la vinculación del GIEC con otros organismos internacionales y nacionales que desarrollan conocimiento y analizan los desafíos que estarán presentes en la industria del cobre.
Mi planteamiento se fundamenta en la convicción que el cobre debe estar siempre asociado a bienestar y calidad de vida.
Nuestra responsabilidad con las generaciones actuales y futuras, es lograr que por cada unidad de cobre producida, se insuma menor cantidad energía y otros recursos naturales. A su vez, por cada unidad de cobre consumida se consiga un creciente aporte al mejoramiento del estándar de vida del usuario final.
Este es el mensaje que debemos compartir y transmitir a la sociedad y considero que el GIEC debe ser uno de los instrumentos eficaces para ello.