La semana pasada en Codelco fuimos protagonistas de uno de los hechos más significativos desde la firma del Proyecto Común de Empresa. Se trata de la materialización de dos protocolos de acuerdos: el de “Estabilidad Laboral con Competitividad” y el referido a la nueva estructura organizacional de Codelco, que entre otras decisiones crea la nueva División Codelco Norte que es la continuadora legal de la fusión de las Divisiones Chuquicamata y Radomiro Tomic.
Ambos acuerdos están llamados a hacer historia. Ciertamente, no formarán parte de ningún titular de algún matutino de la capital. Probablemente pasarán inadvertidos no sólo para la gran masa ciudadana sino que también para la clase política y dirigente de este país. Ello quizás se explique porque no hay una gran tensión dramática como la existente en una huelga del cobre; o porque esta noticia positiva es lo más alejado que puede haber a un acto de corrupción como el “Davilazo” que llenó titulares durante semanas, y que como noticia positiva, por supuesto no vende; tal vez sea porque no haya muchos medios que tengan el “interés” de resaltar estos acuerdos, contenidos y valores; o porque este es un país minero gobernado por agricultores con cero cultura minera, o simplemente porque no somos muy buenos comunicadores en este mundo veloz y de predominio de la imagen y la cuña televisiva. Lo más seguro que sea por todas ellas y por otras que se me escapan.
Como sea estoy convencido que no exagero cuando señalo que estas decisiones tienen una connotación histórica. Ello porque tanto el protocolo de Estabilidad Laboral con Competitividad, como la creación de la nueva División Codelco Norte marcan un antes y un después.
En efecto, el Protocolo de Estabilidad Laboral con Competitividad, es a mi juicio, un hito en la historia de las relaciones empresa-trabajadores en nuestro país. Tengo la convicción que no hay en Chile un pacto al interior de alguna empresa, firmado al más alto nivel que genere una política de gestión de dotaciones compartida, que establece condiciones de máxima estabilidad laboral compatibles con la necesaria defensa de la competitividad de la empresa.
Para nadie resulta un misterio que uno de los temas más sensibles e importantes para las organizaciones sindicales es la defensa del empleo de sus afiliados. Tampoco es un descubrimiento decir que esta defensa se hace cada día más difícil en un mundo donde el avance tecnológico desplaza cientos de puestos de trabajo y el discurso neoliberal dominante proclama la flexibilidad total como el designio de estos tiempos, reduciendo al trabajo a una mercancía más a ser transada en el mercado.
Lo meritorio y singular de la experiencia de Codelco -reflejada en este Protocolo- es que los actores (administración-sindicatos) hemos sido capaces de compatibilizar estabilidad laboral con competitividad, construyendo un acuerdo que supera la lógica de la confrontación o del pierde pierde, reemplazándola por la lógica de la cooperación mutua o del gana gana.
Ello fue posible a partir de un acuerdo previo, que se fundó en el reconocimiento de ambas partes, que tanto los extremos de inamovilidad laboral, como el de flexibilidad total estaban expresamente excluidos del espacio de acuerdo. Por este motivo, el Protocolo se mueve en un eje que recorre iniciativas que potencian la estabilidad laboral hasta iniciativas que aceptan las desvinculaciones asistidas, pasando por la reconversión laboral, las reubicaciones, la movilidad del personal, la polivalencia, todas iniciativas que tienen en el esfuerzo de capacitación y el respeto a las personas su eje fundamental.
No cabe duda que esta lógica “Codelquiana”, fundada en un marco ético y valórico, tiene detractores de ambos lados. Para la lógica empresarial imperante en este país, que recientemente se reflejara en toda su magnitud en la dura oposición a las reformas laborales por parte de los gremios empresariales, la facultad de despedir y de contratar personal por parte del empleador -cuando así lo estime conveniente-, es algo que está fuera de toda discusión. Alterar esa facultad con afanes reguladores de orden social es sinónimo de hipotecar el crecimiento y la competitividad país.
Por otra parte, dirigentes sindicales estiman que es casi una traición a los ideales del movimiento sindical asumir el desafío de la competitividad, aceptando la polivalencia o negociando el impacto a las innovaciones tecnológicas con reconversión laboral o desvinculaciones asistidas. Para estos dirigentes la postura sindical debiera ser de abierta confrontación con el enemigo “empresa”.
Quienes hemos concurrido con nuestra firma a este acuerdo, si bien es cierto respetamos las diversas posturas, discrepamos profundamente de ellas. Nuestro argumento principal es que sindicatos fuertes y autónomos tienen razón de ser sólo cuando hay empresa; y en un entorno, que nos guste o no, es competitivo, las empresas que dejan de ser competitivas tienen sus días contados. Por otra parte, reconociendo la legitimidad de cualquier empresa de maximizar sus excedentes, especialmente una que es del Estado y cuyos excedentes van a financiar el gasto social en beneficio de los más necesitados, es fundamental garantizar el bienestar de los trabajadores, quienes con sus esfuerzos y aumentos de productividad son los grandes generadores de la riqueza. Esto en otras palabras es estabilidad laboral y calidad de los empleos.
Nuestro norte como Federación de Trabajadores del Cobre es cumplir con la misión de Codelco como empresa 100% estatal y sus compromisos, que en conjunto hemos concordado en el Proyecto Común de Empresa, al mismo tiempo que cumplimos con nuestra razón de ser, que es defender a nuestros representados que aspiran muy legítimamente a más y mejores empleos.
A este nuevo modo de entendimiento le asignamos una importancia estratégica e histórica, y estamos convencidos que traerá consigo beneficios para el país, la empresa y los trabajadores.
Codelco Norte
El Proyecto Común de Empresa, no es sólo una forma de relacionarse entre socios autónomos que privilegian resolver sus diferencias, por medio del diálogo, el respeto y la generación de confianzas mutuas, sino que es el propio plan de negocios de la compañía, que entre otros desafíos, deberá invertir en el sexenio más de US$4.300 millones en el desarrollo de sus actuales Divisiones, y al final del período deberá haber cumplido la extraordinariamente exigente meta de duplicar su valor.
En este contexto la nueva estructura organizacional deberá facilitar el proceso de creación de valor y ser la plataforma en que se apoyarán los proyectos duros para generar los ingresos que duplicarán el valor de la empresa. En este contexto, la creación de Codelco Norte que, recogiendo y potenciando lo mejor del legado de las Divisiones Chuquicamata y Radomiro Tomic, junto al desarrollo de los nuevos proyectos, tales como Mansa Mina, Gaby Extensión Norte Mina Sur, Extensión Sur RT, Toki y otros, serán la palanca fundamental para lograr la meta de duplicación del valor de Codelco Chile. Esta nueva visión que integra en una planificación geo-minera-metalúrgica los recursos del distrito minero de cobre más importante del mundo, es la clave de la nueva organización que refleja la cadena del valor de la producción del cobre.
Este acuerdo de la nueva organización está acompañado de un Protocolo que garantiza que los derechos emanados de los contratos individuales y colectivos serán plenamente respetados, al igual que la organización sindical y el derecho a la negociación colectiva en cualquiera de sus formas. Se trata en definitiva, que estos cambios no generen ningún menoscabo para los trabajadores.
Lo anterior es una clara señal que en Codelco se siguen tomando decisiones correctas, con el único propósito de potenciar la creación de valor y en beneficio del país en su conjunto, y resguardando la empleabilidad, la dignidad y la calidad de vida de todos sus trabajadores.
Este nuevo y trascendental paso no hace más que ratificar la vigencia del movimiento sindical del cobre quien ha sido protagonista al participar en la definición de grandes decisiones, actuando de acuerdo a sólidos principios y en plena concordancia con las tres grandes conclusiones que el Presidente Ricardo Lagos expusiera en la firma del Proyecto Común de Empresa el 5 de julio de 2001:
1.Que este Proyecto Común es posible porque hay sindicatos, trabajadores organizados, fuertes y que entienden los desafíos del mundo del siglo XXI.
2.Que los procesos modernizadores de cualquier empresa, hoy se hacen con los trabajadores y en conjunto con ellos, no contra los trabajadores.
3.Que la riqueza de Codelco que queremos potenciar no es sólo el mineral que el suelo nuestro guarda para esta generación y las futuras, sino también queremos potenciar la riqueza de esta empresa que se ha construido a lo largo de los años y que es el capital humano que la forma.
Por todo lo dicho, reitero mi convicción que estas decisiones por su contenido, alcance y proyecciones tienen una significación histórica.