Estudios sobre competitividad realizados en el año 2001 sitúan a la Segunda Región bajo el séptimo lugar a nivel nacional en términos de la Innovación y Tecnología que realiza, y concluyeron además que el 5 % de los centros tecnológicos del país y sólo un 2 % de los investigadores se sitúan en la Región.
Lo anterior se manifiesta en que los niveles de innovación en los procesos así como en la producción de bienes y servicios a la minería son bajos, a niveles que menos del 10 % de los empresarios de la Región realizan innovación tecnológica en sus productos o servicios, y particularmente en la concepción de nuevos productos es donde menos participan.
Estas situaciones han permitido que en el ámbito de las necesidades de la minería las empresas regionales de servicio no aborden los nichos de mercados tecnológicos o soluciones de ingeniería por parte de las empresas de servicio, si no que estos son capturados por empresas principalmente extranjeras.
La promoción del desarrollo científico y tecnológico en las empresas de servicio a la minería es fundamental para revertir esta situación, que adicionalmente permitirá consolidar el Complejo Productivo, Industrial y de Servicios que se está desarrollando en la Segunda Región. Para esto, es necesario que se apoye decididamente la aplicación de soluciones de ingeniería a la industria proveedora de bienes y servicios que esté asociada al sector minero de manera que se desarrollen proyectos de nuevos servicios de ingeniería que apliquen el desarrollo de tecnologías de última generación, orientados a la producción de nuevos bienes de capital e insumos y desarrollo de innovados procesos productivos.
En este contexto deben participar las industrias mineras, las empresas productoras de bienes y servicios, y los centros de instituciones de investigación de manera coordina y cooperativa a través de lo que se puede denominar “asociatividad tecnológica empresarial”. Con esto se formarán consorcios tecnológicos empresariales que tendrán el objetivo focalizado de la búsqueda de soluciones científicas que capten mercados que en estos momentos son desarrollados por empresarios externos a la Región.
Los proyectos que se desarrollen deben ser integrales, es decir que sean innovativos tecnológicamente, de impacto ambiental controlado y por supuesto que genere beneficios económicos a los integrantes de los consorcios.
Los estudios deberán ser financiados por todos los participantes de los grupos de trabajo. El gobierno está jugando un papel importante en esta materia al participar en el subsidio de investigaciones a través de una convocatoria de innovación tecnológica para el sector minero y su industria asociada en la Segunda Región, actividad administrada CORFO y que está en curso.
Es innegable el bajo nivel de vinculación entre la gran industria minera, las PYME´s y universidades. El ánimo imperante, el proyecto de Conglomerado Minero y la disponibilidad de recursos económicos pueden revertir esta situación para consolidar una actitud de investigación permanente con miras internacionales de manera de crearse, quizás en un futuro próximo, un “Silicon Valley de la Minería Mundial” en la Segunda Región.