Brasil se enfrenta a un nuevo proceso eleccionario y en esta ocasión el destino político de uno de los más grandes países de Latinoamérica preocupa a la economía mundial. Esta inquietud se centra en la popular figura del candidato izquierdista del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio "Lula" da Silva, quien ganara la primera ronda electoral con el 47% de los sufragios y que enfrentará al abanderado oficialista, José Serra, quien obtuvo el 23%.
La moderación en el discurso de Lula y la flexibilización de Estados Unidos, frente a la posibilidad de negociar con un gobierno socialista, ha hecho que los especuladores frenaran la ansiedad económica, tendencia que en algún momento hizo pensar que la economía de este país pudiera descender peligrosamente. En medio de esta ficción política, los más afectados serían los países latinoamericanos que potencian su desarrollo, como Chile, ya que a pesar de la estabilidad en la que nos encontramos, sería difícil resistir otra crisis económica, la cual se sumaría a la que en la actualidad vive Argentina.
No obstante, este pesimista análisis no se concretó, evitando la fuga de capitales y la eventual baja de la economía brasileña. Al parecer, el temor a una caída generalizada fue más influyente que las reticencias políticas del país del norte, los que deberán dar muestras de verdadera tolerancia para cumplir con los acuerdos y tratados internacionales.
A pesar del análisis económico que se puede desprender de este proceso eleccionario, hay otros fenómenos sociopolíticos que también llaman la atención en estos comicios, el que nos concentra en este momento es en la polaridad ideológica de ambos candidatos. Lula, representante del partido de los trabajadores, tiene una fuerte visión sindical y se ha declarado públicamente como un hombre anti globalización; posición que no sería compartida por Serra, el cual profesa abiertamente la política empresarial y de libre mercado.
En este sentido, observamos que a pesar de las grandes diferencias socioeconómicas que se presentan en Brasil, el movimiento sindical tiene un gran poder de influencia en la toma de decisiones. Es como si las dos grandes corrientes económicas, que se han enfrentado en esta última generación, se confrontarán en un territorio de conmoción social.
Sin duda que una de las variables más preponderante, que se conjuga para este virtual triunfo de Lula es el gran inconformismo de la sociedad brasileña, sobre todo en los cordones de pobrezas formados en la periferia de las grandes ciudades, quienes ven con decepción que los progresos comerciales en nada los ayuda a superar sus graves problemas de subsistencia. El desencanto generalizado, por la gestión del actual presidente Cardoso, ha sido fundamental para que los brasileños vieran en Lula la solución a sus conflictos, esperando que el sindicalista logre otorgar una mejor distribución de los recursos.
En efecto, este panorama es una muestra clara que el mundo sindicalistas puede tener un mayor protagonismo social y son muchas las instancias en las que se debe otorgar más participación, tanto a nivel de propuestas de trabajo como en el consensuar políticas gubernamentales en beneficios de la clase trabajadora.
En Chile, a pesar que estamos muy lejos de poder contar con un partido laborista el mundo sindical es uno de los protagonistas de muchos cambios sociales del país. Si bien las actuales tendencias no dan espacio para epopéyicas luchas obreras, el sindicalismo aún no ha dicho su última palabra y organizaciones de áreas tan distintas, como el Colegio Médico ha sido incluso capaz de ir en contra de programas gubernamentales que son el “Caballito de Batalla” del gobierno de Ricardo Lagos.
No obstante, aún hay mucho camino que recorrer y son diversas las problemáticas laborales en la que los sindicalistas deben emitir su opinión a favor de la clase obrera de nuestro país para que el ejemplo de Lula da Silva se repita y los trabajadores sean definitivamente considerados en las políticas económicas gubernamentales.