En los últimos 20 años, en el contexto internacional, se ha generado un gran interés por las consecuencias que podrían tener los cierres de explotaciones mineras, principalmente con los efectos medioambientales en todos sus aspectos, no sólo en el aspecto superficial, es decir, en el uso de los terrenos abandonados o en desuso por las empresas mineras. El debate actual se centra en como deben defenderse técnica y jurídicamente las empresas y la ciudadanía involucradas, en un horizonte de tiempo proyectado sobre la base de modelos probabilísticos de la ocurrencia de los efectos para tener cubiertas las responsabilidades futuras.
Por lo tanto las incidencias medioambientales del cese de faenas mineras se ubican en un espacio tiempo de compleja determinación, más aún considerando que las realidades entre países son diversas y además cada explotación minera representa un caso particular, no fácil de reproducir en otro sitio.
Otro aspecto ha considerar al abordar esta problemática es el vertiginoso avance tecnológico de los procesos de exploración y explotación que se está presentando a través de intervalos de tiempo cada vez más reducidos, potenciando a reiniciar actividades productivas donde hace un tiempo era inviable técnica y económicamente su operación.
Es evidente entonces que para nuestro país, los incentivos y la institucionalidad deben estar a la altura de estos desafíos, cuya consideración del bienestar de las generaciones futuras es importante como también de las actuales.
Acotando la problemática a un plano técnico-ambiental, nadie sabe hoy lo que está pasando exactamente en el subsuelo de un vertedero, cuáles son las reacciones químicas, cuáles son los contaminantes y cómo afecta al sistema de agua superficial. También en la modelización de flujos complejos y de la subsidencia de hundimientos de la superficie, importantes a la hora de evaluar los impactos ambientales, se requiere de información de calidad y en cantidad suficiente para dar sustentabilidad a las medidas que se propongan.
En consecuencia, es relevante el crecimiento de la industria de los bienes y servicios medioambientales para abordar de manera sólida y sostenida estas demandas.