Frente a las difíciles, actuales y futuras circunstancias en que se desenvuelve el sector minero, las empresas mineras han tenido que recurrir a distintas y novedosas estrategias de gestión, siendo una de ellas la contratación de servicios de terceros, denominados en general por la mayoría de las compañías mineras como “empresas colaboradoras”.
Con el propósito de ser competentes y ser los mejores, las mineras invitaron y desafiaron a muchas empresas ya constituidas y a muchos profesionales a participar de esta apertura de posibilidades de trabajar juntos, para lo cual debían ampliar su giro inicial, tomar una especialidad, conformar una empresa, etc.
Bajo este nuevo modelo de administración, las mineras se reorganizaron, para centrar su gestión en mayor o menor grado en su negocio y ofrecer a las empresas colaboradoras las actividades mas alejadas a la esencia de su negocio. Se hablo de “gana – gana” y todos al mismo lado del escritorio.
Se comenzó con los servicios de aseo, de alimentación, de transporte de personal, de correo, de pago de sueldos, de arriendo de vehículos menores, etc., que dieron en gran medida los resultados esperados. La tarea no fue “tirar y abrazarse”, pues no existía la experiencia, había desconfianza, los sindicatos no lo miraron con buenos ojos, se producían diferencias de status, etc.
Este proceso de ir al empleo de contratistas, “outsourcing”, servicio de terceros o de empresas colaboradoras, tendió a crecer al vislumbrar que favorecía la gestión de la empresa y además se hacia necesario y muy oportuno por las desfavorables condiciones de mercado o bajos precios de los metales.
Así, de las simples actividades arriba mencionadas, las empresas mineras se decidieron a contratar servicios más completos y complejos, incluso de corte operacional, como perforar, tronar, cargar y transportar el lastre y el mineral dentro de la mina, subterránea o a cielo abierto. A mantener y reparar componentes y equipos mayores de la mina o las plantas de proceso, hasta operar depósitos de relave.
Muchas experiencias han sido difíciles y algunas lamentablemente desastrosas, en lo técnico, en lo económico y en lo social, pero lo importante es que se ha avanzado mucho y todo a favor del objetivo común, una mejor gestión de las empresas mineras para que puedan afrontar los tiempos de mercado difícil, el empobrecimiento natural de los yacimientos en explotación, las exigencias cada día mas estrictas de carácter laboral y medio ambiental y finalmente de imagen corporativa.
Todo esto ha llevado a una fuerte evolución de las empresas contratistas, proveedoras, fabricantes, de servicio, etc., para adaptarse a las exigencias en el muy competitivo sector minero, en cuanto a eficiencia, seguridad, calidad, confiabilidad, normas ambientales, condiciones climáticas, instalaciones, tecnología de punta, precios, duración de los contratos, respaldo económico, etc.
Lamentablemente, aunque la conversación es abierta y franca, ambos, la minera y el contratista se están quedando, para este caso en la parte mala de la definición de la palabra competencia, que quiere decir: disputa o contienda entre dos; también oposición o rivalidad entre dos que aspiran a lo mismo. Es tiempo de ir de una vez de ir al concepto mucho mejor de competencia que habla de aptitud o idoneidad para hacer algo.
Dentro de este mejor concepto, de competir, ser competente o de estar en competencia, las empresas de servicio, al igual que algunas mineras, han tenido que fusionarse, entregar parte de sus actividades también a terceros, emplear productos de la competencia, etc. , con el fin único de ser mas eficientes, entregar mas calidad, ser mas rentables, en resumen servir mejor a sus clientes.
No resulta cómodo escuchar todavía, que competir signifique contienda, hacerse daño, porque eso lleva a la destrucción de los competidores, y creo que ninguna empresa minera o de servicio quiere que la competencia desaparezca, porque en un mercado libre, no es el objetivo eliminar la competencia, por el contrario debe incentivarla.
Dentro de una política del gana-gana, de ir tras un objetivo común, de establecer una alianza estratégica entre empresas mineras y de servicio, debiera hablarse de una competencia leal, ética, de confianza, en que todos ganen, para lo cual deben romperse paradigmas aun presentes y latentes en el sector minero y revisar las estructuras administrativas empleadas y que regulan la relación entre las empresas mineras y las empresas de servicio y también abrir un espacio de entendimiento publico entre los propios competidores, estando cierto que con esta nueva concepción o apertura de ver el negocio del servicio de terceros, se lograran mas beneficios para todos, entre ellos por nombrar algunos, menores tramites, menos burocracia, menores costos financieros, aprovechamiento de sinergia, mejor posibilidad de perfeccionar y ampliar el cluster minero existente, entrada de nuevos competidores, etc.
La competencia debería quedar centrada en tecnología, en innovación tecnológica, en conocimiento, en la integración al negocio del cliente, reflejada finalmente en la calidad del producto ofrecido y en el aporte económico que su uso o aplicación demuestre. Si la empresa minera gana y la empresa colaboradora también gana, la competencia sana, no destructiva puede y debe existir.