Siempre pensamos que todos están enterados de la importancia que tiene nuestro cobre para el desarrollo de nuestro país, como lo fue ayer, como lo es hoy y sin duda alguna como lo será en el futuro. Pero no es así, es más hay gente de inteligencia brillante que se opone a la actividad minera, por razones ambientales algunos y otros porque creen que hay mejores oportunidades que la minería y aún van más lejos porque están convencidos que la mejor opción de futuro para un país está en las comunicaciones, en la investigación, en la innovación tecnológica o en el área financiera.
Respaldan esta manera de pensar y actuar los daños ocasionados por la minería, especialmente en el pasado, en el mundo y los buenos ejemplos de naciones líderes en los segmentos de desarrollo señalados, pero olvidan el significativo aporte y la evolución positiva que la minería ha tenido en los últimos años y privilegian el éxito de terceros por sobre la reales posibilidades nuestras en otros mercados, donde todavía tenemos mucho que aprender.
En Chile, lamentablemente sólo cuando el precio del cobre baja, contadas autoridades, economistas y especialistas en el metal comienzan a preocuparse y hablan de las repercusiones que los menores ingresos por su venta ocasionarían al país, como se podría ver afectado el presupuesto y los planes de crecimiento.
Lo mismo sucede cuando un acontecimiento como la tan anunciada y analizada y discutida guerra física contra Irak ha comenzado.
Sabido es que debido a nuestra alta participación en el mercado del cobre, cada centavo menos o más, significa aproximadamente US$ 100.000.000 más o menos de ingreso bruto por venta que hacen las empresas productoras de cobre instaladas en el país y que la minería ha representado en los últimos años el 8% del PIB.
Pero el asunto es querer saber que pasa con el precio del cobre al comenzar la guerra no deseada, porque si el precio baja la repercusión en nuestro presupuesto es fuerte, basta enterarse de los resultados y aporte de CODELCO al Estado el año recién pasado.
La respuesta es simple y a la vez complicada, porque la condición actual, moderna, tecnificada, informada, acelerada y desconfiada de nuestro mundo, nos muestra a cada instante que el sólo zumbido de una abeja y mas aún su picada, hace temer hasta el mas fuerte por temor a ser infectado, contaminado, atacado por un virus mortal quizás dirigida por un loco o un terrorista. Esta caricaturización, pretende reflejar la sensibilidad extrema que sufre la estabilidad de los mercados y la geopolítica, agobiada por tanta información, muchas veces falsa, manipulada e irrelevante.
El mejor o peor precio del cobre depende fundamentalmente de lo que suceda con la economía de los países desarrollados y del crecimiento sostenido de los grandes países emergentes. La dificultad está en saber pronosticar bien que pasará con la economía, donde no ha habido grandes cambios en el universo, porque la riqueza y el poder sigue en las manos de unos pocos.
Afortunadamente para Chile, seguirá habiendo una necesidad moderada de nuestro metal que sostendrá el precio del cobre y dependiendo del mayor o menor fortalecimiento de la economía mundial su valor subirá o bajará moderadamente acorde con el requerimiento señalado.
Luego lo complejo es saber cuando y como se lograrán los equilibrios económicos juntos con los de paz y de seguridad, de poder y de liderazgo vinculados con los de respeto cultural y religioso, y de ambición con los de equidad y ética.
La experiencia de guerra y desequilibrio, con desconocimiento de sus reales alcances, que una vez más está viviendo el mundo por el interés y decisión de unos pocos, nos dirá ojalá en breve, lo que pasará con el crecimiento o desarrollo económico de los países y con ello los expertos en metales podrán atreverse a estimar el comportamiento del precio de nuestro más preciado metal el cobre, del cual tanto dependemos.
Nuestro consuelo, saber que afortunadamente tenemos poco o casi nada de petróleo.