En estos días la Federación de Trabajadores del Cobre, FTC, cumple 52 años de existencia. Sin duda un buen argumento para reflexionar en torno al significativo aporte realizado por los trabajadores del cobre durante estos años.
Desde su fundación, el 23 de marzo de 1951, la FTC ha sido consecuente en su búsqueda constante de soluciones para los trabajadores mineros, así también al momento de cautelar los intereses del país, constituyéndose en un importante motor para impulsar iniciativas trascendentales para el país, y muy especialmente para el futuro del cobre chileno.
Basta con hacer un poco de historia y remontarnos a aquel glorioso 11 de julio de 1971, - fecha de la Nacionalización del Cobre - para identificar el aporte y batalla constante de los trabajadores del cobre en esta manifestación de soberanía e independencia política y económica de nuestro país, cuyo legado difícilmente puede ser indiferente para la gran mayoría de los chilenos.
Al decir que los trabajadores del cobre participaron activamente en este proceso, lo señalo con argumentos legítimamente fundamentados. Basta con dar una mirada a la historia de la ley y trasladarnos a las sesiones de la Cámara de Diputados de marzo, abril y mayo de 1971, para darnos cuenta de la lucha valiente e incansable de esta organización gremial, para devolver su principal riqueza al Estado chileno.
Antes de esa fecha histórica, los beneficios obtenidos por las ventas del metal rojo eran prácticamente inexistentes, pues su producción y comercialización era controlada por poderosas compañías internacionales, las cuales privilegiaron sus propios intereses en desmedro de todos los chilenos.
Desde que el Estado chileno tomó el dominio de las empresas extranjeras, con el acuerdo unánime del Congreso Nacional, Codelco ha demostrado con creces ser una empresa eficiente y competitiva, lo que le ha permitido consolidarse como el primer productor de cobre a nivel mundial.
Lo anterior, queda reflejado en el aporte sistemático que realiza al erario nacional (más de treinta mil millones de dólares de excedentes durante treinta años). Por lo tanto, Codelco, no sólo contribuye a solventar el gasto en educación, salud, vivienda, etc., sino que es una de las principales fuentes de financiamiento con que ha contado el fisco año tras año para financiar sus políticas sociales.
Estas muestras crecientes de excelencia han sido posibles gracias a la entrega y esfuerzo permanente del mayor capital que posee esta empresa, sus trabajadores, quienes han sumido las transformaciones con un gran sentido de compromiso y responsabilidad.
Ejemplo de ello, ha sido la Propuesta de los Trabajadores para el Futuro del Cobre Chileno, redactada por el Consejo Directivo Nacional de la FTC en marzo de 1994, que en su aspecto fundamental plantea un nuevo Modelo de Desarrollo para Codelco, basado en la Gestión y Desarrollo Estratégico y reafirmando la propiedad estatal de la Corporación.
Otra de las iniciativas que tuvo una activa participación de los trabajadores cupreros fue la Alianza Estratégica firmada en 1994 entre la FTC y la administración de Codelco, y que significó para la Corporación, aumentar la producción, bajar los costos y hacer de Codelco una empresa competitiva en el mercado internacional del cobre.
Uno de los principales resultados de este "pacto", fue la consolidación de esta alianza a través de la firma del Proyecto Común de Empresa (PCE), que entre otros aspectos, y quizás el de mayor importancia, tiene por objeto duplicar el Valor Actual Neto (VAN) de la Corporación.
En tal sentido, El PCE marcará un referente, principalmente por el innovador modelo de gestión adoptado en Codelco, que por cierto nos exige a diario replantearnos como organización para asegurar la existencia y desarrollo de esta empresa que pertenece a todos los chilenos.
De igual manera, concordamos que era una herramienta concreta para silenciar a un grupo que representa poderosos intereses en el país y que no logra desprenderse de antiguos ideologismos, traducidos en una longeva obsesión de ver privatizada esta gran empresa del Estado.
Si se fijan, en cada una de estas "batallas" para consolidar a Codelco como la gran empresa del Estado, está presente la figura de los trabajadores del cobre. Por lo mismo, quiero ser enfático en esto, sobre todo cuando impera un fuerte cuestionamiento a la eficiencia de las empresas públicas desde La Moneda.
Respetamos las exigencias del Presidente de la República, pues tal como lo señalé anteriormente, para continuar siendo una empresa pública altamente competitiva, como lo es hoy Codelco y para seguir generando los importantes recursos para el gasto fiscal, debemos doblegar aún más nuestros esfuerzos y continuar demostrando a los incrédulos - con hechos concretos - la importancia del cobre chileno y de Codelco, y muy especialmente, el significativo aporte de sus trabajadores al crecimiento de nuestra economía y progreso del país.
Sin embargo, creo que al formular este tipo de juicios, el equipo económico del Gobierno, encabezado por el Ministerio de Hacienda, está cometiendo una injusticia tremenda, pues no da cuenta del compromiso y sentido de país de cada trabajador de esta Corporación. Y lo que es peor, se intenta eludir y ojalá omitir una discusión que imperiosamente debe darse, con la seriedad y responsabilidad que se merece, en torno a la privilegiada situación tributaria de las compañías mineras transnacionales en desmedro del Estado chileno, y que por cierto es un tema de preocupación permanente en nuestra Federación.
Tal parece que al formular este tipo de exigencias, se olvidan en La Moneda que Codelco carga con una mochila dejada por el Gobierno Militar que exige el pago del 10% de sus ventas brutas a la Fuerzas Armadas, que además paga impuestos y más encima entrega excedentes al Fisco. Sin considerar la importante baja de costos de producción, y el considerable ajuste dotacional que desde 1994 a la fecha viene realizando la mayor productora de cobre del mundo.
Al igual como hace 52 años, estamos conscientes de nuestro rol de generadores de cambios, por lo mismo, no dudamos en asumir nuevas exigencias, teniendo siempre presente la legítima defensa de los intereses de los trabajadores y velando incansablemente por un Chile más justo y solidario.