Donde quiera que se vaya y se consulte: ¿cuál es su aspiración o principal inquietud?. La gran mayoría responde: "trabajo", afirmación bastante contradictoria con la conocida expresión del Antiguo Testamento "ganarás el pan con el sudor de tu frente", lo que hace interpretar que el trabajo es un castigo de Dios.
Días atrás, tres amigos conversaban y uno de ellos afirmaba : " trabajo sólo porque debo ganar dinero". Fuerte aseveración, muy acorde con el actual mundo social y económico, pero alejado de las creencias y el lado espiritual de las personas, que saben que el trabajo siempre ha existido, basta recordar de la Biblia:...y Dios creó el universo y al séptimo día descansó.
Lo cierto que la evolución del trabajo ha sido inmensa, ha evolucionado en forma positiva y ha sido regulado en favor del individuo, liberándolo de la carga física y de riesgo con el uso de maquinaria, haciéndolo más responsable de la parte técnica e intelectual que lo obliga estudiar y perfeccionarse continuamente y se han configurado esquemas legales destinados en lo esencial a protegerlo, resguardar sus intereses en áreas como salud, seguridad, previsión y compensación económica.
Luego, considerar el trabajo un castigo o una actividad destinada exclusivamente para ganar dinero, es errónea o al menos una apreciación pobre o incompleta.
El trabajo debiera entenderse como una oportunidad para las personas para lograr realizarse como tales y conseguir sus objetivos, llenar sus espacios de tiempo, evitar la ociosidad, hacer algo productivo, aportar al beneficio propio y de los demás, contribuir al progreso, ayudar a mejorar la calidad de vida, sentir la satisfacción de trabajar en equipo, de compartir, de servir, de ser útil, de lograr una meta común, ocasión de demostrar capacidad, inteligencia y virtudes, etc., y también de recibir una compensación económica, un reconocimiento, un saludo, una felicitación, etc. Todo esto y más debiera ofrecer la oportunidad de tener un "trabajo digno".
Las personas, trabajadores, profesionales, ejecutivos, empresarios y autoridades debieran hacer esfuerzos en colocarse uno en el lugar del otro en la idea común de ofrecer y tener un trabajo digno, mediante el establecimiento de justos equilibrios entre los intereses particulares de cada individuo y los que persigue la empresa, la institución y el Estado, lo que sin duda hará más probable el éxito que todos pretendemos en forma individual, como empresa, como sociedad y país.
El avance tecnológico, permanente en el tiempo, si bien favorece el trabajo digno, también sustituye la mano de obra. Así las comunicaciones casi instantáneas, el mejoramiento de la calidad, el aumento de la confiabilidad y la seguridad, un mejor sistema de salud, la automatización, la robotización, por mencionar algunas, como efecto de la aplicación de nuevas, eficientes y efectivas tecnologías, hacen disminuir la necesidad de mano de obra o crecer la disponibilidad de ella, como por ejemplo disponer de servicios directos y personalizados vía Internet y una mayor expectativa de vida, respectivamente.
Por otro lado, la permanente innovación tecnológica conlleva a requerir de gente cada día más preparada, especializada y en capacitación continua, requerimiento que deja afuera la mano de obra no calificada y obliga a la gente a ocupar más tiempo en su formación y posterga su inserción en el mercado laboral, lo que involucra tiempo y dinero.
A pesar que la sociedad chilena ha optado por tener una familia menos numerosa, de todas maneras el resultado es que la desocupación aumenta y se convierte en un factor importante de analizar y solucionar para no desperfilar el desarrollo económico, social, tecnológico y cultural deseado y necesario.
En el propósito de resguardar los intereses de los trabajadores en general, a través de sindicatos, gremios, autoridades y leyes universales, bajo una visión obsoleta de una sociedad aún de carácter industrial y no tecnológica y en cambio permanente como debiera ser, se generan conflictos, se postergan decisiones y se establecen regulaciones que agravan más el problema de la cesantía con tendencia a subir.
Pero hay miradas modernizadoras de algunos trabajadores, empresarios y representantes de la sociedad en el parlamento y el gobierno que apuntan a minimizar los abusos y riesgos a que todos estamos expuestos, cesantes y ocupados, y proponen cambios en el esquema social imperante y los planes de crecimiento y desarrollo del país.
Un cambio cultural se hace imprescindible, comenzando por aceptar la realidad en que debemos vivir y la puesta en práctica de nuevos planes de estudio y formación de las personas, que permita adecuarnos a un mundo de alta tecnología, de cambios permanentes y de fuerte competitividad.
En nuestra corta pasada por este ambiente de vida que heredamos, acelerado, estresante, de mucha oferta de ilusiones, de exitismo, etc., aún estamos enfrentándola con costumbres y formación del pasado y con el agravante que se hace carente del sentido humano, sacando del eje central de la sociedad al individuo y con una mínima preocupación por las generaciones futuras.
Afortunadamente, hay nuevas corrientes que dan voces de alerta, que plantean y que actúan en favor de equilibrar los intereses mencionados, de colocar límites, de focalizar la gestión hacia el éxito compartido y tomando como base la calidad de vida del individuo.
Una forma de lograrlo o facilitar esta tarea es ofreciendo la oportunidad de un trabajo digno, en el cual se integren y se identifiquen claramente los intereses del individuo realizado y feliz, compartiendo en una comunidad de respeto mutuo, participando y dando lo mejor de si en su actividad para beneficio de la empresa u organización que lo cobija y compensa y aportando al desarrollo integral para una mejor calidad de vida de su generación y las venideras.