El pasado 7 de octubre la Cámara de Diputados aprobó el Tratado de Libre Comercio, TLC, entre Chile y Estados Unidos. Ahora pasará al Senado y si todo ocurre en los tiempos previstos el TLC estaría empezando a regir a partir del 1 de enero de 2004.
Este acuerdo permitirá que el 85% de los productos chilenos ingrese de inmediato a Estados Unidos con arancel cero y el resto lo haga, gradualmente, en un plazo de 12 años.
Para la actividad minera los efectos son muy positivos pues la baja arancelaria que provocará el TLC hará que en un tiempo no mayor a los dos años, todos los productos de la minería y la metalurgia ingresen con arancel cero al mercado norteamericano y, además, generará una instancia de solución de controversias por la aplicación de barreras no arancelarias.
Específicamente en lo que se refiere a la minería, el Tratado de Libre Comercio permitirá que los aranceles aplicados a los cátodos de cobre se reduzcan de un 1% a un 0% en el plazo de un año.
Un arancel del 1% puede parecer marginal para un producto cualquiera. En el caso de un “comodity”, como es el cobre refinado, un arancel de este tipo, por muy pequeño que sea, significa en la practica dejar fuera de mercado los cátodos chilenos en el mercado de Estadounidense.
Chile se está abriendo al mundo. Las positivas experiencias de los acuerdos comerciales de Estados Unidos con México y Canadá nos permiten estar optimistas respecto a las proyecciones de los acuerdos comerciales con el país del norte y también con la Unión Europea.
Sin embargo, estas nuevas oportunidades se pueden capitalizar sólo si las enfrentamos con responsabilidad. Esto requiere de una plataforma sólida para nuestros productos tecnológicos de exportación, la cual fomentaría el cumplimiento de normas de calidad y el desarrollo de innovación tecnológica e investigación minera metalúrgica, entre otros aspectos importantes. El mundo sabe que somos proveedores confiables de cobre, debemos convencer a los potenciales clientes que podemos también ser proveedores confiables de tecnología.
La construcción de confianza es un proceso largo y penoso. Sin dudas, requiere de esfuerzos significativos a nivel país para lograr certificaciones internacionales que nos permitan acceder a estos mercados. Debemos entrar en un proceso de aprendizaje, con humildad y paciencia, para descifrar y entender las reglas y códigos comerciales propios a cada mercado. Sólo así seremos capaces de diseñar, con éxito, productos tecnológicos adaptados a las realidades de hoy y satisfaciendo las necesidades del mañana.
La innovación tecnológica apunta a la capacidad de un país de usar y generar nuevos conocimientos. Es indispensable la formación de recursos humanos especializados de alto nivel y mayores inversiones en investigación y desarrollo. Esto es tarea de públicos y privados. Se trata de convenir una estrategia que dé espacio al direccionamiento de los esfuerzos nacionales a un objetivo común: Innovación y Transferencia Tecnológica.
El Centro de Investigación Minera Metalúrgica, CIMM, participa activamente en esta tarea país a través de la creación y posterior animación de la comunidad de intereses “Innova Minería”, en donde instituciones privadas y públicas, industria, gobierno y académicos aunaron sus conocimientos y experiencias para desarrollar, en consenso entre todos los actores, un Programa Nacional de Investigación y Desarrollo de la Minería y la Metalurgia, el cual esperamos nos permita colocar los productos de este sector en el atractivo mercado internacional.
Ignacio Moreno
Director
CIMM