" No sé que me pasa, tengo todo lo que a cualquiera lo haría feliz: una hermosa familia, un buen trabajo, amigos, pero igual siento que las cosas no me salen lo bien que me gustaría y me siento inseguro para enfrentar nuevos desafíos". Confesiones como ésta, provenientes de hombres y mujeres social o prefesionalmente exitosos, son habituales en los consultorios de sicólogos y siquiatras. Pero, ¿Por qué es tan frecuente la falta de seguridad hoy por hoy? Lo que pasa es que la autoestima no está determinada por lo que somos, sino por cómo llegamos a serlo. Sí, es producto de toda nuestra historia personal y lo que es más complicado aún, es frágil y requiere de un estímulo constante, tanto interno como del entorno, para que se mantenga fuerte.
"la autoestima surge de lo que uno siente y piensa de sí mismo y de lo que uno imagina que los otros sienten y piensan de uno", define el psiquiatra Sergio Canals. " está inserta en un contexto mucho mayor, que tiene que ver con el mundo emocional, con la identidad, con la capacidad de dotar de sentido nuestro proyecto de vida y con el mundo de los valores. La autoestima está centrada en lo más nuclear del ser humano que es su capacidad de vincularse amorosamente con uno mismo y con los demás. Está inserta en lo que yo llamo el triángulo del amor: querer, quererse y ser querido, existiendo además, una dimensión espiritual que es el amor a Dios".
Desde pequeños nos han enseñado a querer y respetar a los demás, a ceder el asiento a los amyores, a no interrumpir, a que es mejor dar que recibir, y como éstos podríamos seguir enumerando muchos ejemplos. Aunque para algunos sólo se trata de normas básicas de educación, lamentablemente, son también condiciones de una cultura que sitúa en segundo plano al individuo, poniéndo siempre al otro pos sobre uno mismo, limitando así el desarrollo de la autoestima. Es que en nuestro país existe un culto especial al sacroficio por los demás, por los hijos, por los amigos, por el trabajo, en fin, por todos los que nos rodean.
¿En qué se traduce esto? En que, muchas veces, y sin saber porqué, al llegar a adultos no nos atrevemos a involucrarnos en algunos proyectos, nos cuesta tomar ciertas desiciones y nos desanimamos cuando las cosas no salen bien. Surge entonces la pregunta:¿ Es posible trabajar la autoestima para enfrentar la vida con asertividad, con seguridad?
Como pasamos la mayor parte del día en el trabajo es precisamente el estilo, cultura y ambiente de la organización, lo que favorece o no, en gran parte a nuestra autoestima. Al estar conectada a la búsqueda de sentido, hay elementos claves que influyen en esto: necesidad de reconocimiento, de acogida, comprensión, derecho a equivocarme, participación y creación.
Por lo tanto, asegura Canals: "Una empresa que nunca estimula, que no personaliza a la gente, que no permite equivocarse, sino que trabaja contra metas muy duras, con altos grados de exigencia, no es una buena empresa en términos del desarrolla de la autoestima. Y no cabe duda que si en una organización se crea un contexto donde la autoestima se desarrolla, esto se va a traducir en mayor motivación, productividad y creatividad e incluso en una mayor capacidad de adaptarse al cambio, porque la autoestima permite enfrentar las dificultades, especialmente abordar las crisis generadas por el cambio".
Al final lo que más refuerza la autoestima es que a uno lo quieran, que se sienta validado como persona, con todas sus fortalezas, debilidades y diferencias. El estímulo permanente hacia los logros, aunque sean pequeños, es fundamental para construir la autoestima. Es importante sentir que existe armonía entre mis esfuerzos, los logros y reconocimientos a ellos.