Cuando se pregunta si el ser humano es lo fundamental en las empresas, la gran mayoría contestará que sí, sin embargo en la práctica esta realidad se da mucho en los discursos pero poco en los pasillos.
¿ Sería capaz de pararse ante el público, o frente a los mismos colaboradores y decir que el recurso humano no es lo más importante para usted? Probablemente muy pocos se atreverían a hacer esa declaración y la gran mayoría para el discurso de fin de año tendrían preparadas algunas frases como: “ las personas son el máximo potencial de la empresa”, “nos interesa el recurso humano más que cualquier otro capital”, etc. Frases que se repiten en los discursos formales pero que no siempre se viven en los pasillos de las organizaciones. ¿Por qué?¿Es que sólo puede existir esta declaración a nivel de discurso?¿Es tan difícil para el hombre ser consecuente entre lo que piensa, lo que declara y lo que hace? Un aspecto que nos ayuda a darnos cuenta de la lejanía entre lo que se declara y lo que se vive es el estado de salud mental de las empresas. Si efectivamente el recurso humano es lo más importante, ¿Por qué dentro de las organizaciones existen- en forma creciente- enfermedades como estrés, angustia y depresión? Tal vez algunos pudieran decir que éstas son enfermedades propias de nuestra cultura, pero..¿no es la empresa el lugar donde pasamos más tiempo y donde construimos o destruimos la cultura? En este sentido, según señala un especialista en el tema, una organización para estar sana tiene que guardar una coherencia entre lo que se está haciendo y sus objetivos y tiene que mostrar una relación adecuada con su clima interno. Otro punto a considerar en este sentido, es el cómo o qué se evalúa en una empresa. Para la sicóloga laboral Germania Acevedo, las mismas empresas que declaran que su personal es lo más importante, evalúan a sus trabajadores por las metas, y las metas tienen que ver con resultados monetarios. Son mínimas aquellas, que incluyen dentro de la evaluación, algo que indiqué que no consideró a la persona como lo más importante. Sin embargo, no se puede desconocer que muchas empresas hacen reiterados esfuerzos para tener prácticas permanentes que privilegien al ser humano. Prácticas que probablemente eran impensables a principios de siglo, cuando cosas que hoy nos parecen habituales como las vacaciones, las horas legales de descanso, el pago de las horas extraordinarias, eran una ilusión. Pero aún así, en ciertos momentos, estas empresas viven también esa disonacia entre el discurso y la práctica. Esto es aplicable al trabajo y a toda la vida. Un hecho frecuente es ver que todas las personas declaran que lo más importante es su familia, pero cuando se les pregunta cuál es el tiempo que le dedican a ella se descubre que es mínimo. Allí entonces surgen todos los procesos mentales para arreglar esa realidad de tal forma que la disonancia sea lo menor posible, así habremos escuchado decir frases como: “importa más la calidad que la cantidad”, “este sacrificio lo hago en beneficio del bienestar económico de los niños”, etc.
Pero...¿Cómo avanzar hacia la coherencia? La respuesta no es universal, pero existen algunas pautas que nos pudiesen ayudar :
- Admitir que existe una disonancia es inherente al ser humano y que si bien es necesario minimizarla, eliminarla es una ilusión.
- Tratar de transmitir y de comunicar a los colaboradores las intenciones de privilegiar el recurso humano, pero hacerlos conscientes de las dificultades que eso implica.