Nadie pone en duda sus bondades: estimula la creatividad, exige dar lo mejor de uno, eleva el nivel de vida de la sociedad y es eficiente en la asignación de recursos..Sin embargo, la competencia puede en ocasiones seducirnos a un juego sin Dios ni ley, pagando por ello un costo difícil de evaluar
La competencia llevada al extremo puede llegar a validar la existencia de una lucha descarnada que sólo se detiene luego de la muerte del contrincante. La lucha entre gladiadores es tal vez la imagen más brutal de este tipo de competencia. Otra cosa es el espíritu que inspiró al atleta griego a alcanzar la meta implsado por un entrenamiento abnegado y riguroso para conseguir el premio en respuesta a su esfuerzo y calidad deportiva. La superación personal es el gran motor que le mueve. El gladiador romano como el atleta griego, son animados por el espíritu de competencia, más la gran diferencia está en que el primer caso no existe ninguna segunda oportunidad pues el din es la muerte del contrincante.
En nuestra cultura moderna ¿ Dónde ponemos el límite al competir? Ya nadie duda que la sana competencia anima al desarrollo de individuos y sociedades. Sin embargo, es necesario preguntarse, ¿ hasta dónde es posible llegar antes que comencemos a caer por la ladera irreversible de la decadencia? Las armas de los actuales gladiadores que buscan dar muerte a su competidor son la mentira, el robo de información, adulteración, engaño, corrupción, etc, instrumentos que hasta llegamos a validar cuando la plataforma valórica de la empresa está en crisis y el fin de ésta justifica los medios. Sergio Canals, siquiatra y asesor de empresa, plantea que la búsqueda de calidad total y perfeccionismo, que se impregna cada día más en las empresas, no conoce fronteras. A veces se trata de ganar por ganar, actuar por actuar, cambiar por cambiar, todo esto para sobrevivr en un mumndo cada vez más altamente competitivo, que sólo privilegia el éxito. " El consumo, el éxito y el poder han dejado de lado la ética de la gratuidad, solidaridad y aún, de la debilidad, perdiendo de vista aspectos humanos fundamentales del desarrollo personal, familiar y social, en una dolorosa crisis de sentido en relación a un proyecto de vida trascendente trasladado a la vida cotidiana"- dice. Enfrentando a la dura tarea de competir no sólo para lograr mejores resultados, sino muchas veces para sobrevivir, el gran desafío es mantener el liderazgo empresarial sin renunciar a los valores y principios.