Cuando pequeñas inversiones dan grandes frutos se puede hablar de un buen negocio. Las microfinanzas son un sector basado en esta premisa, préstamos pequeños que generan desarrollo social. En Chile la realidad de este sector es compleja, pero sus potencialidades son múltiples e interesantes...
La pobreza está creciendo en todo el mundo. Chile no es una excepción, frente a esta noticia indiscutible tenemos dos opciones: creer que los pobres seguirán siendo eternamente una carga para la sociedad o mirarlos como una oportunidad, una oportunidad de desarrollo, de crecimiento, incluso de riqueza. La clave está en saber qué sociedad es la que queremos construir y cuál es el mundo en el que nos gustaría vivir.
Los subsidios, el asistencialismo y la caridad no resuelven el problema. Día a día, los gobiernos comprueban que además de aumentar el número de pobres, se hace más patente la fractura social entre los que más tienen y los que menos poseen. Hacen falta nuevas ideas para resolver un viejo problema. En este contexto las microfinanzas han resultado ser una alternativa innovadora, convirtiéndose en un instrumento de mercado, pero aplicado a fines sociales.
Para situarnos en el contexto, las microfinanzas abarcan el conjunto de operaciones financieras de crédito, ahorro y otros, que implican montos pequeños desde aproximadamente US$ 100, hasta US$ 10.000. Se estima que en el mundo existen 12 millones de personas que se ven beneficiadas con este sistema y se espera que en el 2005 esta cifra aumenta a100 millones.
La ecuación resulta bastante simple: las microfinanzas permiten acceder a pequeños créditos a microempresas que probablemente tienen poco acceso a la banca tradicional. Sin embargo, todo esta historia se complica porque existe una gama heterogénea de menores y medianas empresas, una gran variedad de pequeños créditos y una cantidad considerable de instituciones –disímiles entre sí- dedicadas a esta materia.
Una realidad compleja
Definir el sector resulta complejo. Algunos de los parámetros que se utilizan en nuestro país para denominar a una microempresa es la cantidad de trabajadores que en ella laboran y sus ventas las que no deben exceder de las 2400 UF anuales. Por otra parte, entre las instituciones que dan crédito a estas microempresas figuran bancos (Banco del Estado, Banco del Desarrollo, Banco Santader, Banefe, entre otros) y más de 15 ONGs que se han especializado en este sector de la economía.
En el caso de los bancos la tasa de interés oscila entre un 2 y un 3% aproximadamente y el monto de los créditos va de alrededor de $150.000 a $ 4 millones de pesos. En el caso de las instituciones de microcrédito las tasas de son más altas, hasta llegar incluso a la máxima convencional que es de un 3,9 %, sin embargo los préstamos son por sumas más pequeñas, que parten desde $ 80.000 pesos. Las tasas de retorno son bastante variables y se manejan de acuerdo a cada institución, pero, en general, están en el orden de ......
Por otra parte, la realidad de la microempresa también es compleja. Existen alrededor de 500 mil microempresarios de los cuales sólo el 20% ha recibido apoyo crediticio en algún momento de su historia. Con esto, el mercado para las instituciones dedicadas a este sector se hace extenso e interesante, sin embargo, no se sabe a ciencia cierta cuántas de estas empresas pequeñas y en algunos casos incipientes, realmente están interesadas en pedir un préstamo, como tampoco se puede desprender que todas estas empresas pertenezcan a personas de escasos recursos y que necesiten un crédito para salir adelante. Para hacer aún menos claro el panorama, existen también una serie de empresas informales no consideradas en este total y que también pueden ser sujetos de crédito.
Entonces, la realidad es que la microempresa no es un conjunto homogéneo de hogares afectados por la pobreza, sino que un grupo heterogéneo de empresas que oscilan entre actividades de supervivencia a empresas altamente sofisticadas. Y esto último, tal vez, haga la diferencia más fundamental e importante a la hora de analizar la realidad del exitoso Grameen Bank de Bangladesh y lo otros modelos aplicados al microcrédito.(ver recuadro)
La historia chilena
En Chile, una historia similar a la de Muhamad Yunus fue protagonizada por los franceses Hubert de Boisredon y Laurent Marcbacher, quienes al final de los '80 estaban en nuestro país como cooperantes de un banco chileno. Ellos se encontraron en plena calle con un joven que vendía peinetas de madera. Algo hizo que no pasaran indiferentes a su lado y luego de entablar una conversación, comprendieron que este muchacho hacía sus peinetas a mano y que él mismo las comercializaba, por lo tanto, su producción era escasa, y tenía que dividir su tiempo entre la fabricación y la venta. Simplificando la historia, estos franceses pensaron en cómo darle una oportunidad y entonces le hicieron un préstamo para comprarse un torno. De esta manera automáticamente su producción subió, el tiempo que le dedicaba a ella se redujo y pudo empezar a separar sus roles. Su experiencia fue un éxito y logró cambiar su sistema de vida y su forma de trabajo con un sólo "empujoncito". De allí, surgió la Fundación Contigo, que desde 1991 ha reeditado esta misma historia en muchos de sus clientes.
Sin embargo, el silencio y el desarrollo discreto de las instituciones de microcrédito en nuestro país ha hecho muy poco difundida su labor, pocos saben de su existencia de sus logros y de sus orígenes. "El desarrollo de las microfinanzas en Chile tiene alrededor de 12 años – comenta Aldo Osiadacz, de la Fundación Contigo. Antes que los bancos se integraran al negocio, algunas ONGs comenzaron en este trabajo casi a tientas y de manera muy intuitiva, fundamentalmente como respuesta a la crisis financiera, a períodos de alto desempleo y severas dificultades económicas. Con el tiempo, el mercado se ha depurado, algunas instituciones han quedado y -a diferencia de la mayoría de los países- la banca nacional se ha integrado en forma bastante significativa, porque ha presionado hacia abajo en búsqueda de nuevos mercados".
Sin embargo, pese a los años de experiencia, Daniza Droguett, de Fundación Contigo señala que este sector se ha topado con diversos problemas: "No existe, por ejemplo, una tipificación clara de qué es una microempresa y de los diferentes tipos o rubros en que ellas se desenvuelven, lo que es muy importante para conocer sus necesidades, atacarlas y poder desarrollar instrumentos específicos para cada tipo de cliente".
Asimismo, señala la carencia de políticas específicas para esta área y el escaso apoyo que ha encontrado en diversos sectores. A juicio de Daniza Droguett, el Estado no reconoce a las microempresas como un sector con una dinámica económica y, por eso mismo, lo enfoca desde el punto de vista social. "Esta historia dificulta, además, la posibilidad que las instituciones de microcrédito cubran sus costos y esto se complica aún más cuando las donaciones internacionales se hacen esquivas al tener un país como Chile que sigue creciendo mientras otros decrecen", explica.
Al mismo tiempo, la ejecutiva de Contigo reconoce que el apoyo crediticio a la microempresa no se planteó en sus inicios como un buen negocio, sino que como un instrumento que genera desarrollo. La experiencia en este sentido de otros países, avala esta afirmación, ya que, por lo general, las microfinanzas parten con apoyos, con donaciones o con ayudas estatales y con un grupo humano de voluntarios que entregan gratuitamente su trabajo. Recién en el séptimo año de vida pueden empezar a lograr el punto de equilibrio.
¿Bancos y/o ONGs?
Con todo, la Fundación Contigo persiste en su tarea a pesar de que reconoce que los bancos pueden captar un número importante de clientes y que son financieramente más solventes, están convencidos que siempre va a quedar un sector de la población que no califica para la banca formal, tales como pequeñas unidades económicas familiares y o semiempresariales del área rural y urbana. Asimismo, y mientras los microempresarios tengan conciencia de precaridad en sus negocios y de vulnerabilidad socioeconómica, sus mecanismos de inhibición y cohersión social operan en beneficios de las ONGs, porque ellos temen no cumplir con la responsabilidad adquirida y de esa forma sentir fuertemente sobre sus hombros el peso de un banco.
Por otra parte Jaime Pizarro, gerente de pequeñas y microempresas del Banco del Estado, quien dentro de su experiencia laboral también figura el haber sido parte de una ONGs de microfinanzas, reconoce que la mayoría de las instituciones de microcrédito nacen como una alternativa social, y que, tal vez, su mismo origen hizo que muchas desaparecieran pues sus tasas de interés no superaban el IPC. Para el futuro, cree que se va a masificar cada vez más el sistema de financiamiento a las microempresas y que éste va a comenzar a estar cada vez más en manos de los bancos. "Las ONGs, por su parte, se van a mantener en nichos muy específicos, en empresas de subsistencia o en el inicio de las actividades empresariales. De esta forma, también van a especializar sus productos y van a comenzar a brindar más apoyo en servicios anexos, que en crédito mismo".
Su experiencia como fundador de esta área en el Banco le otorga la convicción de que se tiene que avanzar hacia la bancalización de la microempresa, es decir, más que de microfinanzas, a él le acomoda hablar de un sistema global de financiamiento y apoyo a la empresa pequeña. "Darle sólo un crédito a un cliente es muy poco, si además se le puede ofrecer -por ejemplo- un seguro de salud u otorgarle un sistema de pago a sus empleados, una cuenta de ahorro, un convenio con Fonasa, un pago directo de sus cuentas, se le está entregando de verdad un servicio integral. De manera no sólo se le ahorra tiempo y se le evitan molestias al clientes, sino que en definitiva, mejora su calidad de vida.
A eso se debe, a su juicio, el éxito de este programa surgido el año '96 en el Banco del Estado y que hoy atiende a 150.000 microempresarios, con un riesgo cercano a un 0,8. Para Pizarro el mercado es un mercado en plena expansión. "En las últimas décadas los microempresarios han sentido que son parte del mundo, porque empezaron a aparecer asesorías , capacitación , asociaciones, etc. Su posición de marginados se modificó y hoy se les incluyen en la dinámica económica de país. Actualmente son parte obligada de ciertos ciclos de negocio, fundamentalmente por la gran tendencia a la externalización de los servicios".
Sin embargo, y pese a todos los augurios, el ejecutivo del Banco del Estado reconoce que al sector de las microfinanzas le hace falta un Plan Maestro, impulsado por el Estado, que defina "las áreas en que tenemos que desarrollar negocios, el tipo de asistencia técnica, la capacitación que es necesario entregar y el trabajo que se debe hacer -en forma conjunta- para que las microempresas sean de verdad un aporte a la cadena exportadora y al desarrollo productivo del país".
Con todo, frente a una realidad poco estructurada y que en algunos casos podría ser un obstáculo para el desarrollo de las microfinanzas, es bueno quedarse con algunos datos que hablan por sí solos: Existen más de 300 mil personas que aún pueden estar esperando una oportunidad, un "empujoncito" como el del joven de las peinetas... El Grameen Bank ha logrado sacar al 10 por ciento de la población bengalí de la pobreza...¿Qué puede hacer Chile al respecto?...