La confianza es un capital indiscutible para el desarrollo de las relaciones personales y laborales, sin embargo es un capital difícil de mantener y aumentar. Se construye con mucha perseverancia y tiempo y se puede destruir en un solo instante. ¿ Por qué se destruye? ¿Cómo se construye? ¿ Para qué sirve?
Exhibimos una economía, dentro de todo, sana. Sin embargo tenemos que tener mucho cuidado, porque- aunque parezca raro- los índices de crecimiento, las tasas de desempleo, el producto geográfico bruto, el ingreso per cápita, etc., no serán en el futuro los únicos índices que muestren el desarrollo de una nación: la confianza será tanto o más importante que cualquiera de ellos.
En este sentido, el reconocido científico social Francis Fukuyama, en su libro "La Confianza", es claro al señalar que el capital social que genera la confianza es tan importante como cualquier capital físico y afirma que sólo aquellas sociedades que presenten un alto grado de confianza social serán capaces de crear organizaciones de éxito.
El fenómeno de la desconfianza crea además ciertas situaciones en donde se va generando un ambiente de incredulidad y se crea un lenguaje paralelo en el que uno tiene que aprender a descifrar ciertos códigos: si alguien no contesta nuestros llamados, no es que esté tan ocupado, sino que lo más probable es que no quiera hablar por teléfono con nosotros. Si la decisión ante una propuesta se dilata porque hay que pasar por miles de directorios y comités, es que la respuesta es negativa. Y así pagan justos por pecadores, porque aunque no todos andamos rompiendo las promesas a cada rato, todos nos volvemos más desconfiados en base a las experiencias que vivimos a diario al respecto.
Esto que ocurre en nuestro día a día también sucede en la empresa. Los factores que desencadenan esta falta de confianza son muy simples: los compromisos o promesas no cumplidas, el control de la información, la falta de delegación, las dificultades para el trabajo en equipo, la excesiva fiscalización, la organización piramidal y jerárquica, etc.
El camino de la confianza no es fácil, pero es la única forma posible para desarrollar cualquier organización social y es la única manera de llevar adelante una iniciativa empresarial. Sin confianza no hay acuerdo posible, sin confianza no hay respeto, no hay crecimiento. La desconfianza produce desgaste, la desconfianza desmotiva, crea distancia entre las personas, crea - dentro del ser humano - muchos escudos, protecciones y caretas que son difíciles de derribar.