Hoy el éxito deslumbra a las multitudes, todos pareciéramos querer atraparlo en nuestras manos y retenerlo para siempre. Mientras tanto, huimos pavorosamente del fracaso que es el estigma de nuestro tiempo. Pero ¿cuál es el éxito que perseguimos? ¿por qué muchas veces logramos nuestros objetivos, pero aún así no somos felices? ¿ por qué tememos tanto a fracasar?
Éxito y fracaso son dos términos más que habituales en el mundo de los negocios. Palabras que llevan impresa la huella de la gloria o de la desdicha… Sin embargo no es fácil ponerse de acuerdo en cuál es el significado exacto de cada uno de ellos. Es difícil lograr consenso en temas como ¿cuáles son los parámetros para medirlos? ¿ De quién y de qué dependen? ¿cómo han cambiado estos conceptos a través del tiempo?
Nuestra sociedad actual pareciera haber creado ciertas imágenes o estereotipos que relacionan directamente el éxito con el estatus socioeconómico y con un bienestar material, dejando de lado muchas otras variables que contribuyen a la formación integral del individuo.
Antes, los resultados de las cosas que el hombre emprendía no eran tan rápidos, por lo tanto el éxito de una persona era mucho más medido por los logros paulatinos y basados en las cosas internas. ¿Quién podría actualmente pasarse toda su vida construyendo una catedral que ni siquiera lograría ver terminada al fin de su vida..?
Hoy la rapidez de cambio, los avances tecnológicos y la globalización del mundo parecen exigir resultados inmediatos ante todas las cosas que el hombre emprende y esto exige simplificar las imágenes al punto de crear modelos de éxito de "las personas exitosas".
Con todo, un punto importante para entender el éxito es el fracaso. A través de nuestras vivencias podríamos entender que las experiencias de "fracaso" revitalizan, enseñan y aún más parecen necesarias para robustecer el carácter y el espíritu. Por lo tanto hablar de éxito y de fracaso implica una seria reflexión e implica además la sabiduría y objetividad que da el paso del tiempo para no transformarlas en palabras muy definitivas. ¿Quién puede saber a ciencia cierta si el éxito que celebramos hoy puede teñirse de fracaso mañana, o por el contrario, si el fracaso que lloramos ahora puede ser una puerta para lograr un éxito más perdurable?.
Tener éxito parece relacionarse más que con una medida del prestigio personal actual, con la puesta en marcha de una vida armoniosa, donde todos los aspectos se encuentren en equilibrio y donde sólo no estén presentes los logros económicos sino que coexistan todos los demás aspectos que puedan transformar al ser humano en una persona íntegra.
Es más, tal vez el éxito de una persona puede medirse tan sólo por un indicador: el grado de felicidad alcanzado en su vida. Y para ser feliz no se necesita tanto de lo externo como de lo interno, de los otros como de sí mismo, y no se requiere tanta riqueza material como calidad espiritual.