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Una conceptualización del capital social desde la economía: compromisos y efectos colaterales
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Daniela Vicherat, Analista IIG.
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“Es más, en un nivel macro, el balance entre el mercado, el estado y la ‘economía del cuidado’ (care economy) es necesario para la acumulación de capital social positivo. Allí donde la ‘economía del cuidado’ no está balanceada, por un lado, por un mercado eficiente donde los individuos cuenten con oportunidades para mejorar sus propias condiciones de vida; y, por otro lado, por un estado efectivo a la hora de garantizar derechos y servicios básicos, la economía del cuidado puede volverse un argumento propicio para la explotación y violación de derecho, tal como ha sido demostrado con los ejemplos de la mafia italiana, el tráfico de mujeres en los países sudasiáticos, y los carteles de droga en Colombia, cuando el capital social no se relaciona con el desarrollo de la libertad y la justicia puede fácilmente volverse una herramienta para explotar la confianza generada por valores compartidos, volviéndose un capital social negativo, del que sólo se benefician unos pocos en desmedro de la mayoría, afectando y dañando a la vez el desarrollo de la economía”
El capital social ha sido tradicionalmente analizado por la economía a través de sus efectos. A un nivel general, por ejemplo, el Banco Mundial describe al capital social como “las instituciones, set de relaciones, actitudes y valores que determinan las interrelaciones entre las personas y contribuye al desarrollo económico y social” (1998:1). Sin embargo, la pregunta sobre por qué el capital social contribuye al desarrollo económico y social permanece aún sin respuesta clara, asumiéndose simplemente como beneficioso, como si, por sí mismo, respondiera a los efectos de un plan teleológico que determinara el comportamiento de los individuos. A un nivel más particular, autores como Becker (1996) han descrito el capital social como una colección de valores sociales, tipo reconocimiento y prestigio, que suponen una red social que reporta utilidades y beneficios a un actor individual en un tiempo determinado2. En resumen, el capital social implica, en un nivel macro, a la aplicación de criterios instrumentales, y en un nivel micro, al desarrollo de estrategias funcionales, con el objetivo de lograr el máximo beneficio individual posible.
Ahora bien, ¿qué motiva a la gente a actuar en común e involucrarse en relaciones adjetivadas como “capital social”? En abierto desafío a los enfoques neoclásicos y neo-institucionalistas, varios autores han argumentado que, aún cuando no niegan las dimensiones económicas del capital social, el paradigma utilitario que guía estos enfoques debe ser superado, sobre todo considerando que, frente a recursos escasos, las relaciones que los actores mantengan entre ellos son valoradas como fines en sí mismos, mas que como meros instrumentos para la consecución de bienestar (como es el caso de las preferencias definidas en la vida económica) 3. El capital social emerge cuando hay valores sociales compartidos que sustentan relaciones cotidianas, generando sentimientos de identificación y pertenencia4.
La autora argumenta que la explicación del capital social como un valor instrumental es errada, pues tanto los valores sociales como los fines humanos que los actores persiguen realizar en su vida económica están más motivados por el compromiso que por la utilidad. Esta creencia se fundamenta en dos argumentos: primero, que un actor centrado en la maximización de sus propios beneficios no invertirá en capital social, y segundo, que aún si lo hiciese, el modo en que llevaría a cabo esta inversión iría en desmedro de los valores sociales que están a la base del desarrollo de capital social en una comunidad.
Para defender el primer argumento, Van Staveren se vale de los argumentos esgrimidos por Akerlof en su defensa del “intercambio de dones” (gift exchange) y Sen con su argumento del “tonto racional” (rational fool)5,. Sostiene que la gente no recurrirá a los valores sociales para incrementar sus márgenes de beneficio individual, aún cuando esto no signifique que invertirán en capital social, pues esto implicaría perder la confianza en los valores, por sobre el utilitarismo, como fundamento de relaciones sociales.
En su defensa al segundo argumento, la autora sostiene que, aún cuando los actores decidieran invertir en capital social como un medio para incrementar sus utilidades, esto repercutiría en el deterioro de los valores sociales que están a la base de la generación de capital social. Siguiendo el trabajo de Frey, y valiéndose de los efectos del llamado crowding out, Van Staveren sostiene que la motivación interna que podrían tener algunos actores para involucrarse en una causa común se vería medrada si hubiesen incentivos económicos para promover la participación, manteniendo sin embargo la falta de reconocimiento de los pares o superiores, y afectando así el desarrollo de relaciones de confianza que fundamentan el capital social.
Considerando estos argumentos, el texto defiende un concepto no individualista sino inter-personal de capital social, relacionándolo con la existencia de compromisos y valores sociales compartidos, expresados en la cantidad y calidad de relaciones sociales existentes a las cuales cada individuo pertenece. Si bien es cierto que el tipo de relaciones sociales variará de acuerdo a las comunidades, el tiempo y espacio que ocupen, es claro que éstas estarían basadas en relaciones de origen intimista (del tipo familiar, de amistad, vecindad, entre otros). Además, es preciso recordar que tanto como los valores sociales compartidos no son estáticos, tampoco lo es el capital social, lo que puede resultar ser un factor beneficioso, pero también perjudicial para el desarrollo y bienestar de la población.
¿Dónde está ubicado y se desarrolla el capital social? Ciertamente, la autora no lo ubica en la orbita del mercado y sus regulaciones, o del Estado y sus políticas sociales, sino más bien en la esfera de los dones (gifts). En economía los dones se interpretan en términos de las horas de trabajo, recursos monetarios y/o no monetarios que contribuyen al bienestar, como transferencias incondicionales entre actores económicos. Sin embargo, como no existe una esfera librada sólo al intercambio o la distribución, tampoco existe una librada sólo al intercambio de dones. Esto se traduce en que los mecanismos de intercambio, distribución y donación se relacionan unos con otros en las relaciones sociales:
MERCADO (Agora) | ESTADO (Polis) | ECONOMIA DEL CUIDADO (Oikos) | Intercambio basado en la lógica del quid pro quo | Distribución basada en el ejercicio de la autoridad | Dones basados en la lógica del pro deo | Valores individuales (libertad, autonomía) | Valores públicos (solidaridad, equidad) | Valores interpersonales (responsabilidad, confianza) | Libertades privadas | Derechos | Redes sociales | Generalización del capital social a través de diferenciadas redes de relaciones. | Oportunidades y limitaciones a la acumulación de capital social para permitir el fortalecimiento de redes sociales beneficiosas. | Acumulación de capital social a través de la producción no retribuida y la ubicación de bienes y servicios entre los miembros de distintas redes. |
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En la tabla se describen los distintos ámbitos y dimensiones que interfieren en las relaciones económicas. El tipo de valores expresados a través de los dones son valores de cuidado entre los individuos, por tanto forman parte de la llamada “economía del cuidado” (care economy) que, cuando se mide en términos de tiempo, hace una importante contribución al desarrollo de la economía tradicional6 principalmente sostenida por mujeres. A la vez, es en esta esfera donde se acumula capital social.
Ahora bien, el cuidado, así como la libertad o la justicia, no es un concepto moral que pueda ser juzgado en términos de su bondad/maldad, sino más bien un concepto ético a través del cual se pone en perspectiva esta bondad/maldad. Sin embargo, el capital social basado en la confianza interpersonal puede fácilmente devenir en una forma desvirtuadas de confianza, relaciones laborales y sociales de explotación y violación de derechos.
Pese a que los bienes y servicios producidos en la “economía de cuidado” no son independientes de los procesos productivos que ocurren en el mercado y el Estado, ha sido escasa la atención que se le ha brindado al estudio de ésta, aún cuando los clásicos otorgaban suma importancia a los valores que la sustentan7. La autora señala dos mecanismos a través de los cuales esta economía se relaciona con la acción del mercado y del Estado:
1) El mecanismo de la producción complementaria supone que algunos bienes y servicios que no son sólo proveídos por el Estado y el mercado, lo son complementariamente por la “economía del cuidado” y, por lo tanto, por el capital social involucrado en el proceso de producción. Es el caso del cuidado infantil y de ancianos, el desarrollo comunitario, las donaciones de sangre, el soporte afectivo y psicológico, etc. En general se trata de actividades con bajos costos de transacción, que satisfacen necesidades de cuidado específicas no cubiertas por otras esferas. La autora sostiene que para satisfacer cabalmente las necesidades humanas los actores económicos individuales han de ser capaces de producir y servirse las tres esferas integradamente. Por otro lado, la producción complementaria es racional desde la perspectiva de la reducción de riesgos, considerando un contexto de información imperfecta y recursos escasos.
2) El mecanismo de la producción substitutiva supone que algunos bienes y servicios que no pueden ser producidos por el Estado o el mercado, son sustitutivamente cubiertos por la “economía del cuidado”. Ahora bien, considerando que los costos de producción en la “economía del cuidado” no están considerados como externalidades de la acción del Estado o el mercado, existe una diferencia importante en los efectos que la substitución provoca para cada una de estas esferas, con una tendencia a sobre-utilizar, en cantidad y calidad, los recursos que “el cuidado” infiere en ellas, asumiendo, por ejemplo, una perfecta elasticidad en la oferta de trabajo sobre todo femenino. En general, la substitución de bienes y servicios producida por la “economía del cuidado” cubre aquellas áreas donde se producen fallas en la provisión que de ellas debieran hacer el Estado o el mercado o cuando en los grupos de consumidores falta poder de compra para satisfacer sus necesidades.
Considerando ambos tipos de mecanismos, la autora sostiene que el capital social será acumulado entre los miembros de una comunidad cuando el tamaño de la “economía del cuidado” sea el suficiente para producir bienes y servicios complementarios a la economía, que expresen el compromiso que la gente tenga con ciertos valores sociales, aún cuando no se exceda en la sustitución de bienes y servicios que en su origen debieran ser provistos por el Estado o el Mercado.
A nivel macro, Van Staveren sostiene que el capital social genera valor a nivel agregado cuando, por un lado, genera externalidades positivas en el ámbito económico valiéndose de los beneficios producidos en la “economía del cuidado”, especialmente a nivel de difusión de valores sociales a través de las redes de relaciones que sustenta esta economía, y del aprendizaje a través de la acción que permite internalizar estos valores y reforzar la existencia de estas redes sociales8. Mientras más se use el capital social existente en una comunidad más rápido se acumulará y a la inversa. Las relaciones sociales que sustentan el capital social son a la vez condición y consecuencia de su existencia.
Apoyándose en varios autores, la autora sostiene que tanto el Estado como el mercado funcionan como mecanismos de integración y orden social, pues se sustentan en valores sociales compartidos, y en un set de relaciones sociales que son a la vez fuente de desarrollo de capital social. Siguiendo a Sen , propone que el capital social implica el desarrollo de capacidades sociales que deben permear las relaciones entre Estado y mercado, y dentro de ellos. Básicamente, se trata del desarrollo de valores como la confianza –que reduce los riesgos a nivel de mercado e incrementa los beneficios que se pueden obtener de los bienes públicos-, la responsabilidad –que disminuye a nivel de mercado, los riesgos de externalidades negativas y la existencia de free riders y rent seekers en el sector público-, la lealtad –reduce los costos que puede implicar los ajustes a dinámicas de mercado- y las motivaciones intrínsecas – que son beneficiosas para aumentar la productividad del trabajo tanto a nivel estatal como de mercado-. Sin el desarrollo de estas capacidades los actores no serán capaces de tomar decisiones racionales ni a nivel de mercado ni del sector público.
Un balance entre el mercado, el Estado y la “economía del cuidado” es necesario para la acumulación de capital social positivo. Si se sobrecarga esta última esfera los individuos no tendrán la capacidad de desarrollar las habilidades necesarias para sacar adelante sus proyectos personales de vida, con la garantía del respeto de derechos y servicios básicos, razón la que el capital social podría devenir en una herramienta para la explotación y violación de estos mismos derechos.
La autora finaliza sosteniendo que es necesaria una mayor investigación a nivel teórico y empírico, sobre el rol del capital social en la economía, tanto para países desarrollados como en vías de desarrollo.
Referencias:
Akerlof, G. “Labour Contracts as Partial Gift Exchange” en Quarterly Journal of Economics 47 (4), pp.543-569. (1982).
Becker, G. Accounting for Tastes. Cambridge: Harvard University Press (1996)
Frey, B. Not just for the Money: an Economic Theory of Personal Motivation. (1997)
World Bank. “The Initiative of Defining, Monitoring and Measuring Social Capital. Overview and Program Description”. Social Capital Initiative, Social development Family, Working Paper Nº1. Washington D.C.: World Bank (1998)
El presente trabajo, fue publicado en el Working Paper Series Nº324, Institute of Social Studies, ISS: The Netherlands, editado por el Instituo Internacional de Gobernabilidad; en el marco del proyecto LAGNIKS patrocinado por el PNUD y la Generalitat de Catalunya.
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1 La traducción del inglés es de responsabilidad exclusiva de la autora de esta nota. Véase la versión original: ”Moreover, a macro level balance between the market, the state and the care economy is necessary for the accumulation of ‘good’ social capital. Where the care economy is not balanced by an efficient market where individuals have opportunities to earn an independent livelihood, and by an effective state that guarantees basic rights and public services, the care economy may turn into a location of exploitation and violation of rights. As has been shown by various authors with examples on the Italian mafia, South-Asian trade of women, and Colombian drug cartels, social capital that is not balanced by freedom and justice can easily develop exploitative trust and turn into ‘bad’ social capital, benefiting a few and harming many, as well as being harmful for economic development” (Van Staveren, 2000:23).
2 Desde una perspectiva neo-institucionalista, siguiendo la línea de North donde se asume que los valores sociales limitan las elección individuales, al mismo tiempo proveen otras oportunidades par el desarrollo de nuevas alternativas, el capital social es modelado a la vez como un set de preferencias y restricciones que permita la maximización de utilidades individuales.
3 Los fines definidos socialmente envuelven relaciones que son motivadas por su propio desarrollo, siguiendo la premisa aristotélica de que los valores sociales son válidos en sí mismos como virtudes.
4 Se trata de aproximaciones que se relacionan más a la literatura sociológica y antropológica, donde el capital social aparece vinculado no a motivos instrumentales, sino a valores sociales compartidos sobre los cuales se erige el entramado social.
5 El argumento de Akerlof se basa en el estudio de una empresa de trabajadoras que trabajaban una mayor cantidad de horas sin un prospecto de promoción laboral, mientras el empleador pagaba salarios mayores de los que el costo por trabajador suponía. Para Sen, el “tonto racional” (rational fool) es quien persigue sus propios intereses solo sin involucrarse con otros, aún cuando hay metas que requieren de la participación de todos para su consecución, como es el caso de la superación de la pobreza.
6 Se estima entre un 50% y 175% el porcentaje de trabajo no remunerado respecto del remunerado, tanto para países desarrollados como para aquellos en vías de desarrollo.
7 Clásicos como Adam Smith y su referencia a los sentimientos morales para el buen funcionamiento del mercado y el Estado, otorgaban una clara importancia a éste tipo de economía. O, siguiendo el análisis de Granovetter, el funcionamiento del mercado se sustenta en la existencia de valores sociales compartidos.
8 Se asume que el valor del cuidado es un valor que no puede aprenderse formalmente, sino que ha de ser desarrollado a través de su ejercicio en la propia experiencia.
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